En Holanda, en donde hasta el primer ministro, Mark Rutte suele moverse en bicicleta, las pandillas callejeras dedicadas al hurto de estos vehículos se hacen con más de 600 millones de euros en bicis robadas al año, con un interés ascendente por las eléctricas, que luego acaban en el extranjero o vendidas por piezas, lo que obliga a los usuarios a instalar sistemas de rastreo GPS.
Según un reporte, las bicicletas eléctricas en particular son ahora el objetivo, pero una de carreras o una de ciudad elegante puede desaparecer en un momento si se deja descuidada o en algún callejón.
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