A 50 metros del lugar donde asaltaron a Élida funciona un bazar. Matías, su propietario, fue uno de los que asistió a la jubilada luego de que los delincuentes que la atacaron el miércoles por la noche, huyeran sin poder robarle nada.
“Te puedo decir que a mí no me robaron, pero la preocupación está porque los comercios de la 520 estamos muy desprotegidos”, refirió. Respecto al atraco, sostuvo que “nosotros estábamos bajando la persiana para cerrar y escuchamos unos gritos”. Cuando salieron a ver, creyeron que se trataba de una riña, una situación “frecuente en Melchor Romero”, aseveró. Hasta que el revólver brilló en la oscuridad. “Me di cuenta de que era un robo y ahí observamos a la moto que estaba lista para huir”, dijo Matías, y añadió que luego comenzó a correr hacia la escena.
Camila, en tanto, fue una de las empleadas de la panadería que vivió la experiencia desde adentro del local. “Primero escuchamos los gritos y cuando vimos el arma, que era enorme, nos escondimos detrás del mostrador con una mujer que estaba comprando junto a su hija”, le contó a este diario. Detrás del ventanal que da a la calle fueron testigos de cómo el delincuente “le pegaba sin parar” y ella “no soltaba la moto”, detalló. En un momento, “el tipo agarró la puerta y creímos que era para entrar, pero me parece que no quería que saliéramos a ayudarla”, manifestó. “Nos cansamos de llamar a la Policía. Se supone que hay dos destacamentos a 10 cuadras y nada”, se quejó.
“La moto encaró para 520, pero después dio la vuelta y se metió para ‘adentro’”, indicó, por su parte, Matías. Llamaron “hasta al comisario o al jefe de calle, no recuerdo bien, pero no vino nadie hasta que ya era tarde. Nos encontramos con que hay un desamparo terrible de la parte institucional”, finalizó.
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