La compra puede decirse “calculada”, es esa que se realiza para zafar la diaria, con la adquisición de pocos productos y visitas al súper con frecuencia, así como y la búsqueda de segundas marcas para no golpear tanto al bolsillo. Es que las remarcaciones de precios en las góndolas son casi continuas y no dan lugar a que los consumidores se relajen un poco en los gastos de alimentos y productos de higiene y aseo personal, los componentes de la canasta básica que, como tales, nadie se puede abstener. Se aprovechan, para obtener algún ahorro, los descuentos ofrecidos en un día de la semana por las distintas tarjetas bancarias, las promociones de las grandes cadenas, las ofertas de los comercios de barrio y las rebajas que benefician a jubilados y jubiladas.
Un referente de los comerciantes, Fernando Savore, presidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, confirmó lo que perciben los consumidores. “Los aumentos se dan cada quince o veinte días invariablemente”, dijo y sostuvo, en esa línea, que las frecuentes variaciones en los precios se deben a que “la empresas y las mayoristas, que es de donde nos proveemos del 80 por ciento de la mercadería, están generando una naturalización de los continuos incrementos, porque remarcan los productos, con cada suba, un 10, 12 ó 15 por ciento, y la verdad que eso no tiene nada de natural, porque destruye el bolsillo del consumidor y es agresivo”.
En el medio de la disparidad de precios, de una oferta que presenta los envases mucho más caros o con la cantidad del producto reducida, se da una situación paradojal: el fenómeno, ya clásico en las épocas de crisis, por el cual mientras que los precios escalan y los consumidores hacen malabares para comprar las cantidades de siempre y entonces recurren a marcas que no por más baratas escatiman calidad, las firmas líderes lanzan al mercado nuevas líneas a valores, claro, más altos que los productos tradicionales.
Todo sube
Vayamos a los precios de productos esenciales que exhibía horas atrás una cadena de supermercados con varias sucursales en La Plata. Los aceites de girasol en botellas de 900 ml están entre 243 pesos y 522 pesos; el envase de 1,5 litro, entre 760 pesos y 1.194 pesos. La harina 000, por 1 kilo, 204 pesos (este caso, la hay también dentro de Precios Cuidados a 197,04 y con descuento especial de esa boca de expendio a 179 pesos). El atún, que por los elevados valores de los últimos meses pasó a estar entre los alimentos más sofisticados, en esos locales se consigue, en latas de 170 gramos, a 360 pesos, 484 pesos, y el de firma líder 570 pesos. Los estantes de las galletitas de agua, muestran los paquetes por 500 gramos, según la marca, a 159 pesos, 279 pesos y 299 pesos.
En las heladeras con la mercadería fresca, la leche ofrece una amplia variedad de precios (todos altos). Hablando de sachet de 1 litro, hay de 121 pesos, mientras que la empresa con el mercado más ganado la vende a 235 pesos o a 241 pesos, según el tenor graso. Otro lácteo por demás demandado es el yogur. En el caso del bebible que se ofrece por litro la sucursal céntrica de la cadena lo tiene a 189 pesos y a 299 pesos.
Las gaseosas de marca reconocida, en presentación de 1,5 litro, se venden a 117 pesos y 218 pesos; y una segunda línea a 84, 04 pesos. Por estos días se ofrecen “promos” en las latas de 500 cc de 4 por 3, lo que coloca la unidad en 131 pesos. Por último, los 470 cc de cerveza están entre 159 pesos y 200 pesos, mientras que la de litro se encuentran entre 237 pesos y 388 pesos. Dentro de ese rubro, el programa Precios Cuidados, la ofrece a 140,56 pesos.
Savore opinó que la escalada en los alimentos que le pareció más violenta fue la del aceite el mes pasado. “Se fue, de precio de costo, de 360 pesos a 900 pesos el litro y medio”, recalcó el dirigente de los almaceneros y enumeró otros aumentos, como el del azúcar, que de 117 pesos saltó a 220 pesos; la cerveza, que se incrementó en un 20 por ciento; y la gaseosa, en un 12 por ciento.
“Lo que pasó con el dólar no tiene ningún sentido. El 4 de julio, por la suba del `blue´, el café aumentó un 35 por ciento, y aunque la divisa bajó, el café volvió a subir un 9 por ciento y después otro 9 por ciento. Así, el consumidor no lo resiste”, señaló el titular de la Federación.
Los rebusques para ahorrar
En este contexto tan desalentador, los vecinos en la Región buscan estrategias para ganarle, aunque sea un poco a la inflación que golpea permanentemente sobre los alimentos. Cada vez crece más el uso de tarjetas de créditos a partir del cierre del resumen (así lo comprado se paga cuando los valores ya subieron otra vez), los plásticos de débito los días en que los bancos otorgan descuentos y las promociones que lanzan las mismas boca de expendio. Para el sector de jubilados y pensionados las cadenas de supermercados hay beneficios directos.
“Para gastar menos voy distintos días a comprar para aprovechar las promociones”, confió un cliente habitual de hipermercados.
Los más reconocidos súper e híper habían implementado tiempo atrás una opción que a los consumidores le resultaba atractiva. Se trata de las “marcas propias”, aquellas que la firma se hace envasar en las empresas alimenticias y llevan el nombre del comercio que la expende. Junto a los saltos en los precios, esa oferta comenzó a menguar en las góndolas y ya no se ofrecen, por caso, café, leche, manteca y mermelada bajo ese rótulo.
También comienzan a ser tendencia los productos elaborados por pymes.
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