ENTONA- Tini Stoessel se llevó el sábado pasado no sólo el cariño incansable de sus seguidores, sino también la “Llave Dardo Rocha de la Ciudad de La Plata”, entregada por el intendente Julio Garro, un homenaje anticipado y entre bambalinas que pareció ser parte de un viejo protocolo interesado en aprovechar famosos en tránsito. Tini ahora puede entreabrir las puertas de un alicaído paisaje ciudadano. A punto de festejar sus 140 años, La Plata ha ido perdiendo en la marcha algunos de los rasgos que sus fundadores le infundieron. La habían imaginado como una ciudad nueva, ordenada, con paz y trabajo. Nada que ver. Aquellos cimientos van quedando cada vez más lejos. Y los que aún siguen en pie están a merced de varias plagas conocidas. Tini recibió ese presente como preludio de otra noche brillante y obsequiosa. El Intendente trató de diferenciar así esta celebración, sana, familiera y colorida, del festival que cada sábado monta en las madrugadas el shows de los excesos. Es entendible querer ganarse los favores de un público que sólo quiere festejar la puesta en escena de esos recitales donde el packaging parece importar más que el artista. Tini es abanderada de una música que ha pasado a ser la nueva contraseña de un fenómeno que la trasciende. Y en su presentación ante un desbordante estadio Jorge Hirschi, reafirmó el poder de convocatoria de un cancionero que necesita una sola estrella y, alrededor, un murmullo de efectos que le suman color y brillo a su performance. Tini aceptó la llave con sonrisas, como parte de un homenaje más, aunque a esa altura en la boletería ya se le había rendido el mejor tributo. La invasión de adolescentes pudo disfrutar de la “goleada” de Tini en un estadio que esta vez conoció otra euforia. Alguien quizá le avisó a la artista que esa llave abre simbólicamente la puerta de una ciudad que nació para ser bien pensada y ejemplar, a la que le auguraron un destino de grandeza, pero que después, como tantas otras, ha terminado poniendo en escena un extendido recital de decepciones. Tini con llave en mano se suma a la lista de figuras que también la han recibido -Paul McCartney, la presidenta de Marvel, Victoria Alonso, el bailarín Iñaki Urlezaga, entre otros- y que orbitan más allá de cualquier desvelo municipal. Ella no sabe que las carencias de la Ciudad están esperando que Garro encuentre algún llavero mágico que les ponga candado a los olvidos, la dejadez, los pozos, las veredas rotas, los vendedores ambulantes de cualquier cosa, el vandalismo y un largo repertorio de estribillos que desafinan.
Para Gabriela Cerruti, las piedras en Plaza de Mayo homenajean a muertos sospechosos
Tini recibió las llaves de una Ciudad que viene presenciando un largo show de decepciones
DESENTONA.- Gabriela Cerruti derrapó otra vez, aunque intentó dar un volantazo salvador sobre la hora para evitar otro vuelco. Pero siempre llega tarde con sus desganados perdones. La vocera oficial no agota su repertorio de pifiadas. Ahora le puso ideología a la peste y dijo que las piedras de Plaza de Mayo que recuerdan los muertos por el Covid, son cascotazos de la derecha. La grieta ya califica hasta los duelos. Y al parecer, en la ideología de la vocera, el dolor y el recuerdo merecen respeto y consideración según la tendencia de los difuntos. Para la Cerruti son muertos sospechosos que deberían rendir cuentas sobre su filiación para tener cabida en ese simbólico recordatorio que amontona lágrimas y añoranzas. La portavoza presidencial, con la ligereza que la caracteriza, debería andar con una mochila de erratas a cuestas para ir corrigiendo y pidiendo disculpas sobre sus recitales de yerros y tropiezos. Los exabruptos de su cosecha tienen entidad porque ella es la voz del Presidente. Locuaz y desafinada. Esas piedras, cualquiera sea el propósito que las inspiró, se acaban fundiendo ante el poder igualador de la muerte. Su presencia recuerda a todos los que el Covid fue abatiendo sin pedir ideología ni permiso. Gabriela debería comprender que no se puede vivir sin los muertos. Sus deudos eligieron la manera de poder tenerlos cerca porque en su momento no pudieron decirles adiós. Las piedras son un reencuentro más que una despedida. Saben que el dolor y el recuerdo es otra forma del amor. Y allí siguen estando cuando ya no están.
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