Matías Behety era un uruguayo que llegó desde Montevideo muy chico, para estudiar en el Colegio Nacional Buenos Aires. Compañero de clases de Miguel Cané, aparece mencionado en Juvenilia, pero no es esta circunstancia por la que es célebre en las memorias del cementerio platense. “Matías era poeta, fue redactor de El Fénix, entre otras publicaciones”, cuenta Cristina, y se enamoró perdidamente de la hermana de su amigo Antonino Lamberti. La muerte de esta joven lo hundió en una profunda depresión por la que sus amigos lo convencieron de mudarse a esta zona. Aquí murió en 1885 y lo sepultaron en el único cementerio que había hasta entonces, el de Tolosa, debajo de una cruz que terminó perdiéndose. Tras la inauguración de la nueva necrópolis, en 1902 trasladaron todos los restos, incluido aquel ataúd que no tenía ninguna identificación y cuando las autoridades del Cementerio quisieron constatar el estado del cuerpo, en 1907, lo encontraron intacto: “Momificado”, aporta Cristina Espinosa, por lo que se les ocurrió exhibirlo debajo de una tapa de vidrio. Allí estuvo durante 15 años, hasta que en 1922 un Antonino Lamberti muy anciano se acercó al lugar interesado por la historia de la momia de Tolosa y advirtió, emocionado, que se trataba de su amigo Matías, el eterno enamorado de su hermana. De inmediato se contactó con la familia de Matías, que en 1925 levantó un hipogeo en su memoria. Se trata de un enterramiento subterráneo, con un monumento en su parte superior.
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