Un panteón destacado en el Cementerio de La Plata es el de las Hermanas de la Misericordia, que alojó los restos de Sor María Ludovica, la monja que llegó para trabajar en la cocina del Hospital de Niños y terminó transformándolo por completo. En la década del ‘90, “un médico de ese hospital pidió la llave del panteón para traer a su sobrina”, cuenta Espinosa, una niña que “había nacido con espina bífida y otras patologías” muy complejas. Relata que “llegó en camilla y, ya adentro del panteón, se paró y caminó”. Los estudios médicos que le practicaron luego del “milagro” ratificaron que su salud estaba perfecta y le valieron a Sor María Ludovica la beatificación y el traslado de sus restos al altar de la Catedral.
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