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Un “ícono sexual” que nunca encontró a su alma gemela

Frank Sinatra y Gina Lollobrigida en “cuando hierve la sangre” (1959)

Por Redacción

Sus papeles de Esmeralda o de la reina de Saba elevaron a la categoría de “icono sexual” a la actriz italiana Gina Lollobrigida, fallecida ayer a los 95 años, una belleza mítica que lamentaba no haber encontrado a su alma gemela.

Luigina Lollobrigida nació el 4 de julio de 1927 en el pueblo de Subiaco, en los montes Abruzos, en el seno de una familia humilde que más tarde se trasladó a Roma. Estudió en la escuela de Bellas Artes y adoraba el dibujo y la escultura, y dio sus primeros pasos en el cine un poco por azar.

“Yo no quería ser actriz sino artista. Era figurante únicamente para llevar dinero a casa. Más tarde me ofrecieron un verdadero papel. No era eso lo que yo quería. Pensé: ‘voy y les pido la luna, un millón’. Me lo dieron y empecé a hacer cine”, contó a Vanity Fair Italia en 2007.

Durante cuatro años, de 1947 a 1951, solo le dieron papeles secundarios, hasta que alcanzó la fama en 1952 con “Fanfan, el invencible”, de Christian-Jaque, vista por 6,7 millones de espectadores.

Tras ese papel, esta actriz morena, de silueta voluptuosa y mirada ardiente, actuó en “Beldades nocturnas”, de René Clair, en 1952, y en “Pan, amor y fantasía”, de Luigi Comencini, en 1953.

Gina Lollobrigida trabajó con destacados actores como Frank Sinatra, Sean Connery, Marcelo Mastroianni o Yul Brynner. Pero también con Humphrey Bogart, en “La burla del diablo” (1954) y con Anthony Queen en “Nuestra Señora de París”, de Jean Delannoy, en 1956, filme en el que encarnó a Esmeralda.

Estuvo rodando en Estados Unidos hasta 1962 y luego regresó a Italia. Desde entonces, trabajó de forma ocasional para el cine y la televisión, y apareció en algunas películas de los años 1990, como “XXL”, de Ariel Zeitoun (con Gérard Depardieu) o “Las cien y una noches”, de Agnès Varda.

Pero, entretanto, la italiana se había vuelto a volcar en sus primeros amores artísticos, la fotografía y la escultura, a la que se dedicó completamente a principios de los años 1980.

“Siempre he preferido la escultura. Me entregué al cine y no me arrepiento, pero cuando el cine cambió, decidí recuperar mi pasión”, confió la estrella durante la inauguración de su primera exposición en París, que también fue llevada a Moscú y Venecia.

Gina esculpía sobre todo personajes, muy a menudo mujeres que se parecían a ella en sus principales papeles. ¿Su único pesar? No “haber encontrado nunca a mi alma gemela” y haber conocido únicamente amores “no correspondidos”, declaró a Vanity Fair en 2007.

En 1969, Gina Lollobrigida se divorció de Milko Skofic, el médico con quien se había casado en 1949 y con quien tuvo su único hijo, Milko Jr, que a su vez le dio un nieto, Dimitri.

En 2006, a los 79 años, la artista causó gran revuelo al anunciar que se iba a casar con el empresario español Javier Rigau Ràfols, 34 años menor. Pero la pareja se separó en medio de escándalos y batallas de abogados meses después.

En noviembre de 2017 reveló, con pudor y dignidad, que sufrió dos agresiones sexuales durante su juventud, algo que “se queda dentro de ti y marca tu carácter”, aseguró.

También estuvo implicada en dos procesos. En el primero, el Tribunal Supremo le impuso un tutor para gestionar su patrimonio. En el segundo, su último marido fue acusado de abuso de debilidad hacia ella.

Embajadora de buena voluntad de Unicef, la actriz también se presentó, sin éxito, en las elecciones al Parlamento Europeo de 1999, en la lista de un partido de izquierdas. Y en 2022, se postuló -también en vano- para el Senado italiano.

Lollobrigida había sido internada en septiembre en un clínica de Roma tras sufrir una fractura de fémur, por una caída doméstica, que le debilitó la salud.

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