La violencia en el ámbito escolar parece romper límites para extender su poder de daño: del conflicto entre alumnos a encontrar en madres y padres nuevos protagonistas de ataques a directivos, a otros estudiantes o a las instalaciones.
El cuadro se expuso parcialmente ayer al mediodía, cuando se realizó un abrazo a las escuelas Primaria 39, Secundaria 78, Jardín de Infantes 978, y la Técnica 4, todas de la localidad de Melchor Romero, en repudio a las amenazas de muerte que un padre propinó contra un maestro de la primaria ubicada en 173 y 517. Allí se reunieron padres, docentes y alumnos para visibilizar el conflicto y pedir el fin de la violencia.
Además, durante esta semana este diario recibió denuncias de directivos y docentes, que pidieron estricta reserva de identidad ante el temor de ser apercibidos, sobre distintos episodios donde padres ingresaron a los colegios y terminaron agrediendo a directivos y auxiliares docentes, además de amenazar a algunos alumnos.
Estos hechos habrían terminado con al menos una persona hospitalizada y la intervención de la Policía.
La semana pasada hubo otro episodio en las inmediaciones de la Media 14, donde un conflicto entre alumnos terminó con chicos lastimados, versiones y graves acusaciones cruzadas. El problema se profundizó y el jueves pasado padres, madres y tutores intervinieron y habrían concurrido armados al colegio.
“Esto ya es cotidiano, está generalizado. Todas las semanas se conocen nuevos casos y no se va a revertir de la noche a la mañana porque es un problema de origen profundo”, analizó Eric Simonetti, docente y delegado del gremio Suteba (lista Multicolor). Según consideró, “cuando ocurren estos casos de ataque, los docentes tienen miedo de ir a trabajar y eso es gravísimo. Hoy, la única medida que se toma es la de resguardo, donde se separa al maestro del cargo para que no tenga que estar expuesto, pero después es muy difícil volver al trabajo”.
El docente cree que “hay dos dimensiones que para mi explican la situación. En primer lugar se da una cuestión estructural de desinversión que genera una desvalorización de la escuela publica con bajos salarios y mal estado de los edificios que lleva a una imagen de desprestigio de la educación estatal. Por otro lado, está la situación social donde la situación económica ha incubado un clima de violencia y malestar donde los maestros, así como los médicos y otros trabajadores, terminan siendo los chivos expiatorios. Los gobiernos son responsables de la decadencia de los servicios del Estado”, opinó.
Una de las medidas que podría mejorar el abordaje de la problemática, según Simonetti, es la incorporación de equipos interdisciplinarios en todas las escuelas, donde psicólogos, trabajadores sociales y psicopedagogos puedan trabajar estos conflictos”.
Aunque actúan fuera de las instituciones educativas, salvo casos especiales que ameriten una intervención dentro de los colegios, la Policía termina en la escena, ya sea para prevenirlos o desactivarlos.
En ese sentido, un alto jefe policial de la Región explicó que la situación de la violencia en el ámbito educativo no es ajena a lo que sucede en la sociedad en general. “Después de la pandemia hubo un incremento en muchos índices de violencia y cuestionamientos hacia la autoridad en distintas formas. Eso llevó a que en los últimos años se vea mucha violencia en la calle, en los hospitales, en el transporte publico y en las escuelas también”, analizó el funcionario.
“En particular en las escuelas se observa que las decisiones de los docentes o directivos son muy cuestionadas por los padres de los alumnos que ya no tienen en los maestros el respeto que se les tenía hace 30 años atrás”, destacó el uniformado.
El funcionario analizó que uno de los problemas está en que “demostrar poder mediante la violencia es bien visto en algunos círculos. Eso es parte de los nuevos desafíos que hay en las escuelas, donde además los chicos no sólo se vinculan en las aulas o en el barrio, sino también mediante redes sociales”.
SUSCRIBITE a esta promo especial