La inseguridad volvió a causar estragos en un hogar de la Región. En esta oportunidad, fue en la zona de 601 bis entre 1 y 115, donde se desató el terror cuando el sol comenzaba a asomarse en la geografía platense.
A las cinco de la madrugada, una madre de familia fue sorprendida por un grupo de doce hombres encapuchados, que irrumpió en su hogar mientras ella dormía junto a sus cuatro hijos y un amigo.
Todo comenzó con ruidos sospechosos en el portón de garaje.
Preocupada, la mujer subió a la terraza de la finca para investigar qué pasaba y se convirtió en testigo de la amenaza que la acechaba: una horda de doce individuos armados, que al parecer no llegaron al lugar de manera aleatoria.
”¿Qué hacen?”, preguntó desafiante la mujer, mientras uno de los jóvenes intentaba distraerla con una pregunta inocente: “¿Dónde estaba la calle 630?”.
Sin embargo, ese breve intercambio no fue más que una táctica de confusión.
Cuando la mujer se disponía a responder, uno de los hombres abrió el portón de garaje y, con voz firme, anunció: “Ya está abierta, vamos a robar”. Así la situación se tornó crítica.
Desesperada, la madre bajó rápidamente -junto a un hijo y su amigo- intentando cerrar una puerta interna para protegerse.
Pero sus esfuerzos fueron en vano: los asaltantes se lo impidieron.
En cuestión de segundos, el caos estalló. Mientras uno de los delincuentes la sujetaba fuertemente de los cabellos, otro la golpeó y, apuntándola con un arma de fuego, le exigió que entregara su dinero.
El miedo se apoderó del ambiente. En medio de un feroz careo, los otros miembros del grupo comenzaron a registrar la vivienda, llevándose consigo todo lo que podían hallar a su paso.
Sin embargo, la duración del robo fue abruptamente interrumpida.
Activada por la alarma vecinal, la sirena resonó en la noche, alertando a la comunidad.
El ensordecedor ruido y el inminente de la Policía hicieron que el embate llegara a su final.
De un momento a otro, el plan de apoderarse de los ahorros de una familia debió adaptarse a la que se convirtió en la principal necesidad de la banda: escapar y salir indemnes de la situación.
Así los intrusos abandonaron la escena, huyendo rápidamente en dos vehículos: un automóvil gris y otro blanco.
El saldo del ataque fue devastador. La madre denunció que, además de las agresiones físicas que sufrió ella y uno de sus hijos, los ladrones se apoderaron de un televisor Smart TV de 43 pulgadas, un teléfono celular TCL y un iPhone, dejando a la familia en un estado de angustia y vulnerabilidad.
Según pudo saber este diario, la expareja de la mujer posee antecedentes, lo que la lleva a sospechar que el asalto podría estar relacionado con un ajuste de cuentas vinculado a ese pasado.
Las hipótesis sobre la naturaleza del ataque comienzan a tomar forma y los investigadores se encuentran analizando las imágenes captadas por las cámaras de seguridad de la zona con el propósito de identificar a los responsables. Ya tendrían un nombre.
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