Desde que asumió la Presidencia, Javier Milei hizo contadas apariciones en territorio bonaerense. Las catástrofes naturales que azotaron a Bahía Blanca fueron dos excepciones. El líder libertario, en rigor, no cree tanto en el contacto y la presencia física como forma de relacionarse y apela a una comunicación más basada en las redes sociales y entrevistas como para robustecer su imagen, defender su administración además de, obviamente, atacar con descarnada dureza a sus opositores.
Esa lógica puede que, al menos en parte, esté comenzaron a virar. En forma tenue, quizás, pero no menos significativa. Milei estará el martes en La Plata para el cierre de un congreso de La Libertad Avanza bonaerense. Vendrá con varios ministros, su hermana Karina, pieza central en el armado partidario y de las candidaturas, y de José Luis Espert, quien tiene todos los boletos para encabezar la lista de diputados nacionales por la Provincia. No será una presencia sólo para cumplir: en términos políticos implica ponerse al frente de la campaña provincial y darle marcha a la estrategia de polarización con Cristina Kirchner.
En su feroz disputa con el gobernador Axel Kicillof, la ex presidenta le ha dado argumentos valiosos a Milei. Dijo que va a ser candidata a diputada provincial por la Tercera sección electoral (el sur del Conurbano) en los comicios que el Gobernador adelantó para el 7 de septiembre. Es probable que luego Cristina también se anote como aspirante a diputada nacional en octubre si es que el Congreso no avanza con el proyecto de ficha limpia que la inhabilitaría para competir por cargos nacionales. Por partida doble, y con poco más de un mes de diferencia, el Presidente podría tener en la cancha a su principal detractora y antagonista.
El desembarco presidencial en el acto platense esconde otras cuestiones. Será una demostración de fuerza en medio de la creciente tensión que mantiene con sectores del PRO y en especial con Mauricio Macri. Los libertarios coquetean con dirigentes sueltos del macrismo pero se resisten a hablar de un acuerdo partidario. Anhelan llevarse al diputado Diego Santilli y al intendente de Mar del Plata, Guillermo Montenegro. También a Cristian Ritondo, que no obstante se mantiene respetando el liderazgo de Macri.
La novela que escriben libertarios y macristas tendrá un capítulo determinante el mes que viene cuando se celebren las elecciones de legisladores porteños. La Casa Rosada decidió desafiar a Macri en su distrito y esa colisión podría marcar el rumbo de lo que acontecerá en la Provincia. Algunas versiones insidiosas sostienen que al mileísmo no le interesa tanto ganar en Capital Federal como quedar arriba de la lista del PRO. Para Macri el desafío es doble: ratificar una hegemonía que lleva casi dos décadas y exhibir musculatura política para negociar en mejores términos el eventual acuerdo en la Provincia.
¿Habrá alguna chance de sumar a sectores de la UCR a ese posible entendimiento? Hoy parece difícil. “Hay que mirar a los mileístas en grado de tentativa”, dicen con alguna ironía ciertos observadores de la política bonaerense al referirse a sectores del partido centenario. Otras tribus de la UCR se muestran empeñadas en armar una alternativa “del medio” frente a la polarización que ya fogonean el oficialismo nacional y el PJ en la Provincia. No son las únicas opiniones que cruzan el partido centenario. Hay quienes comienza a hablar de “dejar pasar” esta elección para ir hacia un proceso de recuperación de la identidad partidaria que convoque a dirigentes que emigraron hace largo tiempo.
En ese contexto, la disputa entre Kicillof y Cristina se mantiene. La ex presidenta cedió ante los deseos del Gobernador de desdoblar las elecciones bonaerenses, pero se guardó algunas cartas importantes. La Legislatura terminará de votar esta semana la suspensión de las PASO en la Provincia, pero no le dará el gusto a Kicillof de estirar los plazos para la presentación de listas. El 8 de agosto deberán inscribirse los candidatos bonaerenses y el 17 de ese mismo mes, los nacionales. Cristina podrá jugar hasta el límite con la idea de ser candidata por la Tercera como forma de presión para condicionar los armados. El kirchnerismo duro quiere quedarse con el 50 por ciento de los cargos. Kicillof, pretende repartos de tercios entre su sector, el de Cristina y Sergio Massa.
El escenario de tensión en el PJ nunca desapareció. La pelea por el desdoblamiento ahora mutó al armado de las listas en las ocho secciones electorales. Todo, bajo el fantasma de una ruptura que la mayoría quiere eludir.
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