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Desafíos virales y rutinas sin control

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Por Redacción

Ya no hace falta pagar una cuota en un gimnasio ni contratar a un entrenador personal para seguir una rutina de entrenamiento. Basta con abrir TikTok o Instagram para encontrarse con cientos de videos. La estética manda, la cámara motiva y la viralidad convierte cada ejercicio en un desafío colectivo.

El problema, coinciden los especialistas, es que esas rutinas suelen estar descontextualizadas: no tienen en cuenta el estado físico previo de la persona, no consideran lesiones preexistentes y, mucho menos, plantean descansos adecuados. “La tendencia subió mucho más desde que hay ‘instagramers’ con trucos sencillos de hipertrofia o desafíos imposibles. El resultado son lesiones que no se tratan”, advirtió el profesor en Educación Física Alfredo Basualdo.

Los desafíos virales apelan a una idea simple: cualquiera puede hacerlo, desde su casa y sin equipamiento especial. Una promesa tentadora para quienes buscan resultados rápidos. Pero detrás de ese atractivo se esconde un mandato peligroso: entrenar hasta el fallo, es decir, repetir un movimiento hasta no poder más.

En el corto plazo, esa práctica genera sensación de logro y una descarga de dopamina asociada al esfuerzo. En el mediano y largo plazo, aumenta el riesgo de lesiones por sobrecarga y mala ejecución técnica. “Es común que durante las sesiones se descubra gente con desviaciones en la espalda o desbalances musculares que nunca dijeron, y siguen entrenando igual”, agregó Basualdo.

El costo de esa autoexigencia no siempre se percibe de inmediato. Dolencias como la lumbalgia, la tendinitis o la fascitis plantar pueden aparecer días después del “reto” y, al no relacionarlas directamente con ese esfuerzo puntual, muchos usuarios creen que se trata de molestias pasajeras.

La lógica de las redes no se centra en la salud, sino en la imagen. Lo que se premia es el “antes y después”, la transformación rápida que se muestra en fotos y videos cortos. Lucas Pisani, también profesor en Educación Física, advierte que esto empuja a mucha gente a entrenar aun con dolor: “Hoy en día tengo personas que vinieron con dolor desde la primera clase. La idea es amoldar ese dolor, adaptarlo. Pero lo cierto es que las redes refuerzan la obsesión estética y generan una presión extra”.

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