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Hacer ejercicio en verano: a qué hora salir, qué tomar, cómo comer y todas las claves

La elongación ayuda a mejorar la movilidad / Freepik

Por Redacción

Entrenar con altas temperaturas exige adaptar horarios, rutinas y hábitos para evitar los efectos del calor extremo sin abandonar la movilidad. Elegir momentos más frescos del día, alimentarse de forma liviana pero energética y sostener una buena hidratación, los tips

Entrenar en verano siempre fue un desafío para quienes buscan sostener una rutina sin que el calor se transforme en un enemigo silencioso. Las altas temperaturas, la humedad y la exposición prolongada al sol obligan a repensar no solo el tipo de ejercicio, sino también los horarios, la alimentación y la hidratación. Lejos de suspender la actividad física durante los meses más calurosos, especialistas en entrenamiento y nutrición coinciden en que el secreto está en la adaptación: escuchar al cuerpo, bajar la intensidad cuando es necesario y acompañar el movimiento con decisiones inteligentes que permitan rendir, recuperarse y mantenerse saludable.

EL MOMENTO DEL DÍAS QUE ES IDEAL PARA ENTRENAR

El primer punto clave es el horario. En verano, el reloj se vuelve tan importante como las zapatillas. Las primeras horas de la mañana, entre las seis y las nueve, y el atardecer, una vez que baja el sol, son las franjas más seguras para entrenar. En esos momentos, la temperatura ambiente y la radiación solar disminuyen, lo que reduce el riesgo de golpes de calor y deshidratación. Durante el día, especialmente entre media mañana y la tarde, el cuerpo trabaja de más para regular su temperatura y el esfuerzo físico puede transformarse en una sobrecarga innecesaria. Por eso, quienes no pueden modificar sus horarios suelen optar por entrenamientos en espacios cerrados, ventilados o climatizados, o bien reducir la duración y la exigencia de las sesiones.

LAS ACTIVIDADES QUE MEJOR SE ADECUAN A LAS TEMPERATURAS

En cuanto a la rutina ideal, el verano invita a priorizar ejercicios de intensidad moderada y actividades que ayuden a disipar el calor corporal. Caminar a paso ligero, trotar suave, andar en bicicleta o nadar son opciones que permiten sostener el gasto calórico sin llevar al organismo al límite. También ganan terreno las disciplinas de bajo impacto, como el yoga o el pilates, que mejoran la fuerza y la movilidad sin provocar un aumento brusco de la temperatura interna. Incluso los entrenamientos de fuerza pueden mantenerse, siempre que se adapten las cargas, se alarguen los descansos y se eviten las sesiones extensas bajo el sol. La consigna es clara: en verano, menos suele ser más.

La hidratación al momento de entrenar es fundamental / Freepik

La hidratación al momento de entrenar es fundamental / Freepik

ALIMENTACIÓN E HIDRATACIÓN

La alimentación cumple un rol central para acompañar el ejercicio sin generar sensación de pesadez. En días de calor, el cuerpo agradece comidas frescas, livianas y fáciles de digerir, pero eso no significa resignar energía. Frutas, verduras y preparaciones frías aportan agua, vitaminas y minerales, mientras que los carbohidratos siguen siendo necesarios para rendir y recuperarse. Antes de entrenar, se recomiendan opciones simples como fruta, yogur, avena o tostadas, que brindan combustible sin sobrecargar el sistema digestivo. Después de la actividad, la clave está en combinar proteínas magras con hidratos de carbono y alimentos ricos en agua, para favorecer la recuperación muscular y reponer lo perdido con el sudor. Ensaladas completas, carnes blancas, legumbres frías o lácteos livianos aparecen como aliados del verano.

La hidratación, finalmente, es el pilar que sostiene todo el esquema. En épocas de calor, no alcanza con tomar agua solo cuando aparece la sed. Los especialistas sugieren comenzar a hidratarse antes del entrenamiento, continuar durante la actividad con pequeños sorbos y reforzar el consumo al finalizar. El agua sigue siendo la mejor opción, aunque en sesiones prolongadas o muy intensas pueden incorporarse bebidas con sales minerales para reponer electrolitos. Las frutas y verduras con alto contenido de agua también suman, mientras que el alcohol y las bebidas azucaradas juegan en contra. Una señal sencilla para saber si la hidratación es adecuada es el color de la orina: cuanto más clara, mejor.

Así, el verano no tiene por qué ser una pausa obligada en la vida activa. Con horarios bien elegidos, rutinas adaptadas, comidas frescas pero nutritivas y una hidratación constante, entrenar en los meses más calurosos puede transformarse en una experiencia más amable y sostenible. Lejos del sacrificio extremo, el enfoque veraniego propone cuidar el cuerpo para seguir en movimiento, incluso cuando el termómetro no da tregua.

Las claves

Entrenar en los horarios más frescos del día, preferentemente temprano por la mañana o al atardecer.

Evitar la actividad física intensa en las horas de mayor radiación y calor.

Priorizar rutinas de intensidad moderada y ejercicios que ayuden a regular la temperatura corporal.

Adaptar la duración y la exigencia del entrenamiento según las condiciones climáticas.

Elegir comidas livianas, frescas y de fácil digestión sin resignar carbohidratos y proteínas.

Incorporar frutas y verduras con alto contenido de agua para aportar energía e hidratación.

Hidratarse antes, durante y después del ejercicio, sin esperar a tener sed.

Complementar con bebidas isotónicas solo en entrenamientos prolongados o muy intensos.

Usar ropa liviana, clara y transpirable para favorecer la evaporación del sudor.

Escuchar al cuerpo y frenar la actividad ante señales de fatiga, mareos o malestar.

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