Irán se endurece: “No habrá moderación”, avisa

Teherán promete responder sin límites a nuevos ataques mientras crecen los temores globales por el impacto en mercados, suministro de energía y estabilidad global

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La escalada del conflicto en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo de máxima tensión tras una serie de ataques directos contra infraestructuras energéticas estratégicas, mientras Irán advirtió que no mostrará “ninguna moderación” frente a nuevas agresiones.

El enfrentamiento, iniciado el 28 de febrero con bombardeos de Estados Unidos e Israel, evolucionó en las últimas semanas hacia una fase más delicada, con el foco puesto en instalaciones clave de producción de petróleo y gas, lo que elevó el riesgo de una crisis energética global.

El canciller iraní, Abás Araqchi, fue contundente al advertir que Teherán responderá con toda su capacidad si continúan los ataques a su sector energético. La advertencia llegó en medio de una ofensiva que ya no apunta únicamente a depósitos o rutas de transporte, sino directamente a los centros de producción.

ATAQUE y contraofensiva

En ese marco, uno de los episodios más sensibles fue el ataque al gigantesco yacimiento Campo de gas Pars Sur-Domo Norte, compartido con Qatar, considerado la mayor reserva de gas natural del mundo. El impacto de este hecho sacudió a los mercados y encendió alarmas en múltiples países dependientes de estos suministros.

La respuesta iraní no se hizo esperar. Entre el miércoles y ayer, fuerzas de Teherán atacaron el complejo industrial de Ras Lafan, en Qatar, el mayor puerto de exportación de gas natural licuado del planeta. A su vez, ofensivas similares alcanzaron refinerías en Arabia Saudita y Kuwait, ampliando el alcance del conflicto y elevando el temor a una implicación directa de los países del Golfo, muchos de ellos aliados estratégicos de Washington.

El efecto en los mercados internacionales fue inmediato. Los precios del petróleo se dispararon con fuerza, con el barril de Brent superando los 110 dólares durante la jornada y acumulando un alza cercana a los 40 dólares desde el inicio del conflicto. El WTI también registró incrementos significativos. Este encarecimiento del crudo ya genera preocupación en organismos internacionales: el FMI advirtió sobre un posible repunte inflacionario global, mientras la Organización Mundial del Comercio (OMC) anticipa una desaceleración del intercambio de bienes.

Otro punto crítico es la situación en el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo y gas que se comercializa en el mundo. La posibilidad de un bloqueo mantiene en alerta a las principales potencias, y varios países, entre ellos Alemania, Reino Unido, Francia y Japón, ya manifestaron su disposición a colaborar para garantizar la seguridad de la navegación. Incluso la Organización Marítima Internacional propuso la creación de un corredor seguro para evacuar buques atrapados en la zona.

Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump aseguró que no enviará tropas a territorio iraní, aunque su administración aprobó más de 16.000 millones de dólares en ventas de armamento a países del Golfo. Además, reveló que pidió a Israel evitar nuevos ataques contra yacimientos energéticos, en un intento por contener una escalada que podría tener consecuencias globales.

En este contexto, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu afirmó que Irán está cerca de quedar “diezmado”. Según sostuvo, las capacidades nucleares y militares de la república islámica han sido severamente reducidas tras semanas de ofensiva, y aseguró que Israel “está ganando la guerra” y que el conflicto podría resolverse “mucho antes de lo previsto”. Sin embargo, evaluaciones de inteligencia de Estados Unidos matizan ese optimismo: si bien reconocen un debilitamiento significativo, advierten que Irán aún conserva capacidad de respuesta.

Así, el conflicto entra en una fase de alta incertidumbre, con riesgos que trascienden lo militar y amenazan con impactar de lleno en la economía global. La combinación de ataques a infraestructuras energéticas, suba de precios y tensiones geopolíticas configura un escenario en el que cualquier nuevo movimiento puede profundizar una crisis de alcance mundial.

 

 

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