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Micros, se estira la pesadilla: siguen sin mejorar las frecuencias

Una imagen que se repite: extensas colas en el arranque de la semana en la mayoría de las paradas de la Ciudad / Roberto Acosta

Por Redacción

Larguísimas colas en las paradas, esperas eternas y los horarios ya no coinciden con los que marcan las aplicaciones. Crece el malestar de usuarios que llegan tarde al trabajo, a estudiar y otros destinos

Por segunda semana consecutiva, los usuarios del transporte público de pasajeros se enfrentan a un escenario de incertidumbre, largas esperas y unidades desbordadas. Lo que comenzó como una advertencia empresarial se ha transformado en una postal cotidiana de paradas repletas y malestar de los usuarios y choferes, mientras las cámaras del sector y el Gobierno mantienen reuniones para encontrar una salida al conflicto.

El inicio de esta semana no trajo el alivio esperado. Desde las primeras horas de ayer, el panorama en el casco urbano y las paradas barriales fue crítico. Con frecuencias reducidas en hasta un 30 por ciento, las demoras se duplicaron, obligando a los pasajeros a salir de sus hogares con mucha mayor antelación o, en el peor de los casos, a llegar tarde a sus puestos de trabajo, lugares de estudio y otros destinos.

“Ya no es solo esperar el micro, es rezar para que cuando pase no venga tan lleno que no pare”, comentó una usuaria en la parada de Plaza Italia, reflejando el sentimiento de agotamiento que predomina en la calle.

La situación de cansancio es generalizada. El sistema, que ya operaba bajo presión, muestra signos de crisis: unidades con pasajeros viajando en condiciones precarias y una irritabilidad creciente que afecta tanto a choferes como a usuarios.

Desde el sector empresario, la postura es firme. Aseguran que la estructura de costos actual es “insostenible” y que la deuda del Estado en concepto de subsidios asciende a los $120.000 millones. Según las prestadoras, el impacto más fuerte proviene del aumento desmedido del gasoil, insumo vital que ha erosionado cualquier margen de maniobra operativa.

A pesar de que el Estado destina mensualmente cerca de $90.000 millones para cubrir el 65% del costo del boleto, las empresas sostienen que ese monto quedó desfasado frente a la inflación. Advierten, además, que si bien existen instancias de diálogo, estas “no resuelven lo urgente”, que es el flujo de caja necesario para cargar combustible y pagar salarios.

La agenda del problema que afecta a cientos de miles de pasajeros en la Región está marcada por la urgencia de destrabar el conflicto antes de que la parálisis sea total.

A nivel provincial se realizó una reunión entre empresarios y funcionarios de la provincia de Buenos Aires. El objetivo fue coordinar medidas paliativas de corto plazo. Según se informó, la Provincia decidió adelantar el 60% de los subsidios correspondientes al mes de abril, buscando inyectar liquidez inmediata al sistema. Las autoridades del área de Transporte bonaerense cargaron contra el gobierno nacional.

El ministro de Transporte provincial, Martín Marinucci sostuvo: “Pedí reunirnos para escucharnos y analizar alternativas. La Provincia mantiene un reclamo desde hace dos años y medio por los fondos que Nación adeuda. Si esos recursos se transfirieran, se podrían aliviar muchos problemas, entre ellos el transporte”.

En tanto, se espera que hoy el Gobierno nacional convoque a las cámaras del sector a un encuentro en la que se analizaría una “reestructuración integral del sistema”. El Ejecutivo pretende que esta no sea solo una solución parcial, sino una reforma que permita normalizar la prestación del servicio de manera definitiva.

Actualmente, el financiamiento del transporte depende de un equilibrio frágil: el 65% es subsidiado y el 35% restante proviene de la tarifa directa que abona el pasajero. Con las empresas operando en condiciones que definen como “extremadamente limitadas”, el temor a un “lock-out” patronal o a una parálisis total sigue latente.

Mientras los despachos oficiales se llenan de planillas de costos y proyecciones económicas, en las veredas la realidad es otra. Los miles de ciudadanos que dependen exclusivamente del colectivo para su vida diaria esperan que el diálogo finalmente llegue a buen puerto.

“Las aplicaciones ya brindan horarios de fantasía”, dijo Dora, una vecina que viaja de Los Hornos a la zona de Parque San Martín para cumplir con su trabajo.

En ese contexto, las aplicaciones de viaje recibieron más demanda de trabajo, no así los taxistas y remises, según distintos usuarios que hablaron con este diario.

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