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Séptimo Día |LA PÁGINA DE LOS LECTORES

Los codos en la mesa

Los codos en la mesa

ROLANDO FORÉS

19 de Abril de 2026 | 03:53
Edición impresa

Los abuelos tienen esa sana costumbre de reiterar historias. Son como el canal Volver. A veces se repiten personajes anécdotas, episodios y comparaciones. Por lo general, siempre cae alguno de la familia. Les tenemos una muy afectuosa paciencia. Hasta cuando repiten aquello de “En mi época...”. Claro, en esa época prehistórica (dicho con cariño), el teléfono era grandote, cuadrado, fijo y atado con cables enrulados.

La televisión era gris y nadie hablaba ese idioma raro llamado neutro latino. Los horarios eran mas rigurosos. Ellos dicen que “eran mas ordenados”. También cuentan que los chicos armaban sus propios juguetes y entretenimientos. Si iban a una escuela de doble turno, eran “medio pupilos”. Ahora tenemos “doble escolaridad”, que en definitiva es lo mismo.

Cada uno en su espacio: grandes con grandes, chicos con chicos. Ni soñar con utilizar la mesa del almuerzo como pista de carrera de los autitos de lata. Ni atreverse a armar puentes o casitas con los vasos, las servilletas y los cubiertos al lado de la panera. Menos, sentar al enorme oso de peluche al lado del sifón de soda. Era impensable comer un alfajor de chocolate diez minutos antes que la mamá sirviera las milanesas.

Había una frase que lo definía todo : “La mesa es sagrada..” Suena demasiado formal, demasiado exagerada, demasiado estricta, pero en su esencia, era absolutamente cierta.

La mesa era el reencuentro de la familia, de la conversación, de la pausa en las distintas actividades del día. Dicen que era el momento para dialogar. Solo se rompía ese supuesto formalismo haciendo volar por los aires algunas semillitas de las mandarinas del postre. Flor de travesura.

Cuentan que se tenían que sentar lo mas correctamente posible, con las manos bien lavadas y no levantarse permanentemente. Ni soñar comer parados, sacarse los zapato y andar descalzos. Todo estaba bárbaro. Bien ordenado y bien prolijo. Pero los tiempos cambiaron. Lo tienen que entender. Ahora, lo que los abuelos no registran es lo siguiente: si nos sentamos como estatuas, si apagamos el televisor y no ponemos los codos en la mesa, ¿cómo hacemos para sostener el teléfono celular mientras comemos?

Un almuerzo sin jueguitos es lo mas aburrido que hay, aunque estemos disfrutando de la mas exquisita tarta que nos hizo la abuela.

 

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