En la misa crismal de Semana Santa, el Arzobispo de La Plata pidió a los sacerdotes "ser para el pueblo"
| 2 de Abril de 2026 | 08:37
El arzobispo de La Plata, Gustavo Carrara, presidió en el marco de la celebración de de la Semana Santa la solemne Misa Crismal en la Catedral, que fue concelebrada por los obispos auxiliares y todos los sacerdotes de nuestro clero, quienes renovaron sus promesas.
Monseñor Carrara centró su homilía en el significado del sacerdocio y el valor del Santo Crisma, subrayando que se trata de un don recibido por gracia y puesto al servicio del Pueblo de Dios.
“Hoy ante el Pueblo de Dios confesamos que solo por gracia somos sacerdotes de Jesucristo”, manifestó, al tiempo que invitó a renovar la conciencia de "ser, ante todo, discípulos del Señor".
En ese sentido, destacó que la unción con el Santo Crisma define la identidad y la misión del sacerdote: “El Crisma con el que fuimos ungidos como sacerdotes no es para nosotros, es para que seamos para el pueblo de Dios”, dijo, y advirtió que cuando el ministerio se vive de manera cerrada o autorreferencial, pierde su sentido: “Si no somos pan que se parte y se reparte… el Crisma se vuelve rancio, deja de perfumar y de encender esperanza”, manifestó.
Al profundizar sobre el sacerdocio, el pastor arquidiocesano remarcó que implica asumir el estilo de Jesús, cercano y compasivo con el sufrimiento humano. “Ser para el pueblo de Dios significa tener la mirada y los sentimientos de Jesús”, afirmó, describiendo a Cristo como aquel que “se conmueve ante las necesidades de las personas”, especialmente frente a la pobreza, la injusticia y la violencia.
Asimismo, recordó que el sacerdocio se vive en comunión, como un don compartido: “La fraternidad sacerdotal es una gracia de Dios…y a la vez una tarea de permanente conversión”.
En otro de los pasajes de su prédica, el Padre Obispo hizo referencia a la figura de San Francisco de Asís, cuya imagen acompañó la celebración en el año en que se conmemoran los 800 años de su Pascua y a quien presentó como un testigo que llamó a la Iglesia a volver al Evangelio y a la pobreza, y recuperó una de sus enseñanzas sobre el Hijo de Dios: “Diariamente desciende del seno del Padre al altar, en manos del sacerdote, en su cuerpo y sangre”.
En esa línea, animó a valorar el ministerio sacerdotal como mediación del amor de Cristo, destacando que los sacerdotes “nos regalan el milagro del amor más grande, la Eucaristía, presencia real del Señor”.
Durante la celebración, nuestro pastor pidió a la comunidad rezar “con un corazón agradecido” por los sacerdotes mayores de la arquidiócesis, “que tanto bien han hecho”. La colecta realizada durante la Misa será destinada ellos (También se puede colaborar en flyer debajo).
Antes de finalizar la celebración, en la que todas las comunidades recibieron el oleo santo, Mons. Carrara impartió la bendición apostólica con indulgencia plenaria en el marco del año dedicado a San Francisco.
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