“En la primera semana me quedo sin plata, pero al vender calleras me entra algo”
Edición Impresa | 5 de Abril de 2026 | 04:26
Leonel Reynoso es, probablemente, el caso más extremo de los tres. Trabaja como profesor de matemáticas en ocho escuelas diferentes, repartiendo sus horas entre establecimientos a los que llega y de los que sale en el recreo. Y además, desde 2022, tiene un emprendimiento de artículos para entrenamiento: calleras, muñequeras, sogas, straps y cinturones lumbares. Por si fuera poco, el año pasado se recibió de técnico en cardiología y hoy estudia la licenciatura en abogacía.
El emprendimiento nació de una necesidad personal. En 2021 quiso comprar calleras —los accesorios de cuero o sintético que protegen las palmas en el CrossFit— y no encontró opciones que lo convencieran. Compró vía web, las que llegaron no le gustaron, y decidió investigar proveedores mayoristas. “En principio arranqué con una empresa, que fueron las primeras calleras que traje, junto con muñequeras y algunas sogas”, contó. Tres artículos, para probar.
Hoy el catálogo es más amplio y el canal de ventas, más sofisticado. Leonel hizo cursos de marketing y de inteligencia artificial, aprendió a manejar Meta Ads, se armó una página web, creó un número de WhatsApp Business exclusivo para el emprendimiento y distribuye QR en los gimnasios donde vende. Todo eso, con la plata que le sobra del mismo emprendimiento. “La ganancia que le saco es de un 80%, que no es para vivir. Pero me ayuda mucho en el día a día”, explicó. Y lo graficó con precisión: “Quizás en la primera semana me quedo sin mi dinero del trabajo fijo, pero al vender calleras me entra esa plata y la puedo utilizar.”
El cuadro que describe Leonel es el de un trabajador que no llega a fin de mes con su salario docente y que suple esa diferencia con ventas de entre 800.000 y 900.000 pesos mensuales —cuando el mes acompaña—. Los mejores son julio, agosto y diciembre, cuando la gente cobra el aguinaldo. Los peores, enero y febrero. “Si mi laburo fuese más estable y mejor pago, no tendría que tener tantas horas en la escuela y podría meterle más al emprendimiento”, dijo, y en esa frase resume la paradoja de muchos trabajadores argentinos: para poder emprender, primero habría que poder vivir del trabajo formal.
A futuro, Leonel imagina un showroom propio, un stock más amplio, campañas publicitarias bien configuradas. Pero también sabe que para llegar ahí hace falta tiempo, capital y energía. Tres recursos que, a ocho escuelas y un emprendimiento de distancia, nunca sobran.
Leonel Reynoso Docente y emprendedor de artículos deportivos
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