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No llego a fin de mes

Por Sergio Candelo

eleconomista.com.ar

Ganar más de US$ 1.000 mensuales es difícil en cualquier lugar del mundo. No es una particularidad argentina. Es la condición normal de la mayoría de los trabajadores del planeta. Un empleado en Santiago, en Montevideo o en Madrid que gana cifras similares tampoco llega cómodo a fin de mes. El mundo no se transformó. Lo que vemos en Argentina es la misma realidad global que antes sólo existía fuera de nuestras fronteras.

Durante décadas vivimos una parodia dictada por el tipo de cambio. Un año éramos “ricos” en Miami y dos años después “pobres” en Villa Gesell. Ese péndulo no era prosperidad: era una ilusión financiada con subsidios, emisión e inflación. Hace no mucho, el salario promedio rondaba los US$ 300 mensuales. Y tampoco se llegaba a fin de mes, ni se vivía bien.

La energía y los servicios estaban artificialmente pisados, y ahorrar no tenía sentido porque el peso perdía valor cada mes. Todo lo que sobraba del ingreso, era consumo compulsivo para no perder contra la inflación. No era bienestar: era sobrevivir con anestesia.

Hoy los números son otros y son reales. El Indec certifica que una familia tipo necesita $1.434.464 mensuales para no caer bajo la línea de pobreza— unos US$ 1.000. El piso para no ser pobre. Pero no ser pobre no es vivir.

La consultora Focus Market midió lo que cuesta sostener una vida de clase media real —alquiler, colegio, prepaga, tarifas— y el total asciende a $2.980.339 en marzo de 2026. Casi US$ 2.500. Y aun así, no alcanza.

Exactamente igual que en Santiago, Montevideo o Madrid.

Un cambio fundamental, y poco reconocido, es que en la Argentina actual el ahorro ha recuperado su sentido. Las tasas de interés reales son positivas y el poder adquisitivo del peso ya no se erosiona mensualmente. El consumo impulsivo del pasado era una consecuencia de la inestabilidad, no una elección de estilo de vida. Por ende, el consumo actual es significativamente más meditado y selectivo. Esto representa un comportamiento mucho más racional que la compra desenfrenada de 6 latas de atún y 4 paquetes de papel higiénico apenas se cobraba el sueldo.

Hoy más gente busca una changa, un trabajo extra o unas horas en una plataforma. No es una anomalía argentina, es la señal silenciosa de la clase media baja global tratando de llegar a fin de mes. Pasa en Santiago, Montevideo y Madrid.

Esta realidad es mejor, a pesar del dolor que genera. Después de mucho tiempo, el ahorro tiene valor y la planificación no es en vano. Se ha revelado la verdad.

Los precios y los costos son honestos, y aunque esto resulta difícil de asimilar, constituye la única base firme para una construcción seria.

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