Transcurridos ya diez días de los dos sismos que sacudieron a Venezuela, cuando el 24 de junio pasado la tierra empezó a moverse por un terremoto de magnitud 7,5 y los primeros edificios cayeron, la ansiosa búsqueda de sobrevivientes entre las ruinas no se detiene en estas jornadas ni siquiera cuando cae la noche.
En La Guaira, uno de los lugares más afectados por la tragedia, localidad ubicada 30 kilómetros al norte de Caracas, los equipos argentinos continúan trabajando junto a rescatistas brasileños y de otros países con un único objetivo: encontrar personas con vida bajo las estructuras derrumbadas. Y a pesar del tiempo transcurrido, este milagro sigue ocurriendo aunque con casos cada vez más aislados.
Si hubiera que encontrar algún dato alentador en esta catástrofe, podría señalarse que más de 30 países de todos los continentes enviaron de inmediato equipos de salvataje, con 3.700 rescatistas, acompañados por 118 perros entrenados para la búsqueda de personas, más de 1.100 toneladas de insumos –la mayoría de tipo médico- y 27 vehículos de distintos tipos.
El campamento argentino mantiene una intensa actividad las 24 horas. Allí conviven militares, bomberos y efectivos de la Policía Federal, organizados en turnos permanentes para garantizar que siempre haya personal desplegado en las zonas asignadas. Los perros de búsqueda también alternan momentos de trabajo y descanso para conservar su rendimiento.
Jornadas atrás uno de los canes argentinos resultó determinante para hallar y rescatar vivos a un bebé y a un adolescente que permanecían entre las ruinas desde el día de los terremotos.
Ayer el balance oficial era de 2.295 muertos, 11.267 heridos y 50.000 personas desaparecidas, mientras despuntaban en algunos barrios devastados por los terremotos algunas críticas a las autoridades por presuntas demoras en la llegada de equipos de salvación. Se habló de una supuesta falta de organización y escasez de equipos para remover escombros.
La presencia de entidades internacionales como la Cruz Roja y Cáritas constituye, asimismo, un aporte relevante en estos días de angustia y desolación para el pueblo venezolano. La magnitud de la catástrofe vuelve imprescindible que la comunidad internacional organice y acelere el envío de ayuda hacia el sufrido país caribeño. Es seguro que, a ese compromiso humanitario se sumará como siempre la gente de nuestra región.
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