El histórico triunfo de la Selección argentina por 2 a 1 frente a Inglaterra, depositando al equipo de Lionel Scaloni en la segunda final consecutiva de un Mundial de Fútbol, logró por un instante desdibujar las grietas entre oficialismo y oposición: cada a uno a su manera, dirigentes de todo el arco político se unieron en un festejo unánime que, como en las calles, desbordó las redes apenas el árbitro hizo sonar el último pitazo.
Uno de los primeros en reaccionar fue el presidente, Javier Milei, que en su cuenta de la red X escribió un mensaje breve pero elocuente: “Vamos Argentina, carajo”. Más tarde, en una entrevista radial, el mandatario habló de una “alegría inmensa” y remarcó que, más allá de lo adverso del contexto, “Argentina no se rinde”.
El jefe de Estado reconoció luego que tenía la convicción de que el equipo iba a ganar. Pidió, no obstante, no mezclar el resultado deportivo con el reclamo por las Islas Malvinas, al considerarlo simplemente un partido de fútbol, y sostuvo que la recuperación de la soberanía se construye con diplomacia “y no con gestos patrioteros baratos”, un palazo a la vicepresidenta, Victoria Villarruel por sus declaraciones.
Confirmó además que la Casa Rosada sigue a disposición del plantel para festejar, si así lo deciden, el camino recorrido en la cita máxima del fútbol en Estados Unidos. En ese sentido, se supo que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei ya coordina con la Casa Militar ese tema.
El resto del oficialismo no se quedó atrás. El titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, definió al seleccionado nacional como “el equipo de fútbol con más huevos del mundo”. La senadora Patricia Bullrich también festejó en las redes con mayúsculas, destacando a “este equipo de locos” y convocando a festejar al Obelisco. “Aguante, corazón, aguante”, escribió, por su parte, el ministro de Salud, Mario Lugones y compartió la foto de un electrocardiograma sobre una bandera argentina.
A los festejos se sumo el ministro de Economía, Luis Caputo, quien aprovechó la euforia nacional para asegurar que “se vienen los mejores 2 mil millones de años”. Breve, pero emocionado se mostró el canciller Pablo Quirno con un texto en el que resaltó: “Vamos Argentina de mi vida. Gracias”.
Cristina, desde el balcón
La emoción también contagió al otro lado de la grieta. La expresidenta, Cristina Kirchner, salió al balcón de su casa en Constitución, donde cumple su condena por corrupción, para festejar junto al grupo de militantes que se acercó hasta San José 1111. Como en otras ocasiones, esta vez sobre la fachada del edificio se proyectó la silueta de las islas Malvinas con la leyenda “son argentinas”.
“Vamos campeón, a puro corazón”, escribió en su cuenta de X el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien además salió de la Gobernación para sumarse al multitudinario festejo que copó Plaza San Martín y sus alrededores.
“Felicitaciones, Argentina. La patria, agradecida”, reconoció, en tanto, el intendente de La Plata, Julio Alak. Posteó una foto con jugadores albicelestes que mostraron una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”
En la misma sintonía sentimental estuvieron otros dirigentes peronistas como Teresa García, quien ironizó sobre la devolución de las islas, mientras Anabel Fernández Sagasti celebró “con el corazón en la mano”.
MÁS VOCES
Por otro lado, la diputada nacional del radicalismo Karina Banfi, le dedicó su mensaje a Messi y dijo sentirse “emocionada y feliz”.
“Nunca en la vida imaginé que estaría viva para verte tan genial, para entender en la praxis lo que significa el liderazgo en equipo. Estoy emocionada y feliz que mis hijos amen la bandera y te tengan de ídolo. Gracias para siempre!”, expresó.
Desde la Coalición Cívica, el diputado nacional Maximiliano Ferraro gritó en X: “¡Vamos, Argentina, carajo! El sueño sigue intacto. ¡Gracias totales!”.
Pero más allá de los despachos oficiales y las redes, la verdadera fiesta se vivió en calles como la de La Plata y el resto de las ciudades del país. No fue casualidad, en ese sentido, que la Quinta de Olivos se convirtiera en uno de los epicentros: el propio Milei siguió el partido ahí adentro junto a su hermana Karina, como viene haciendo durante todo el Mundial, y confirmó que hará lo mismo para la final contra España.
Mientras que afuera, en los alrededores de la residencia presidencial, miles de personas —familias completas, jóvenes, abuelos con la camiseta puesta— coparon la zona apenas terminó el partido.
Según se supo, varios colectivos quedaron varados en medio de la multitud y algunos hinchas, en el pico de la celebración, treparon a los techos de los micros para canta y recordar que, más allá de las diferencias políticas, hay algo que todavía nos une: el amor por los colores de la celeste y blanca.
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