“Soy el resultado de mi familia, de mi historia dentro de esta familia”, dice Carolina Papaleo, actriz, pero también politóloga. Y varias cosas más: inquieta, actualmente está en teatro con “Doradas”, la obra de José María Muscari, mientras conduce los sábados “TVR”, donde hace gala de su sentido del humor y de su reciente título de politóloga.
Pero antes de hablar de este presente en la tevé, Carolina se dedicó a la actuación: desde muy joven ganó la veta materna. Hija de la actriz (luego política) Irma Roy y de Osvaldo Papaleo, periodista de este medio en sus inicios e importante productor artístico, con 18 años ya estaba en la pantalla, y con apenas 20 protagonizó su primer éxito, la telenovela de Alberto Migré “Una voz en el teléfono”. Allí, se puso en la piel Ana Oromi, una joven a la que han culpado de un crimen que no cometió, y está internada en un reformatorio donde toma el lugar de la telefonista, contactándose con Lautaro (personaje del actor Raúl Taibo), de quien se enamora apasionadamente. La telenovela batió récords de audiencia, y se convirtió en una de las más vistas de la televisión argentina. Trascendió fronteras llegando a toda Sudamérica y hoy es una de las más recordadas de la historia del género.
Pero hoy, la realidad de la ficción es completamente distinta. “Hemos perdido la ficción en la televisión”, se lamenta Papaleo, en diálogo con EL DIA. “Están las plataformas, pero no tiene nada que ver la cantidad de actores, la cantidad de episodios… 120 capítulos era el mínimo para venderla al exterior: hemos perdido mucho terreno”, relata.
Carolina no baja los brazos: acaba de rodar una serie vertical, nuevo formato pensado para celulares. Es su primera experiencia en el formato, y relata que la grabación fue “intensa: en 5 días se grabaron 30 capítulos”. Y eso implica también una pérdida de terreno para los actores en ese aspecto: aunque se produzcan varias series para celulares, “son pocos días de trabajo”.
“Lo que más me tira para atrás es que se pongan en cuestión discusiones que ya teníamos saldadas”
Pero es la realidad, el presente. “Los jóvenes no ven televisión hace mucho. Mi hijo tiene 27 años y hace rato no ve televisión, desde que veía dibujitos de chico”, dice. Ahora, aunque está contenta con su experiencia, no le ve gran futuro al nuevo formato. “Es una forma de contar historias, pero no hay gran profundidad: qué vas a poder contar en un minuto y pico…”, afirma. “Perdemos esa identificación que genera el tiempo, todo el tiempo tenés que llamar la atención, porque tenemos un déficit de atención que no es solo de los jóvenes. Yo todavía miro tele, pero miro mientras respondo mensajes en el celular, mientras miro Instagram. Veo una serie completa, y no me preguntes de qué se trató: me olvido completamente. Pero en las plataformas todavía se puede contar: a las series verticales no les tengo tanta fe, no veo que puedan ofrecer mucha profundidad, porque no hay tiempo, todo el tiempo hay que hacer un guiño para capturar la atención del que está mirando el teléfono”.
Su refugio, y el de tantos actores hoy con tan poca ficción en las pantallas argentinas, es el teatro: sube al escenario del Teatro Regina los domingos con “Doradas”, obra teatral escrita y dirigida por José María Muscari, escrita con asistencia de Inteligencia Artificial y protagonizada por varios íconos (Cristina Alberó, Marta Albertini, Judith Gabbani, Ginette Reynal y Papaleo) que protagonizan una pieza que aborda con humor y nostalgia la fama y el paso del tiempo. Además, cuenta, está trabajando en la dirección de un proyecto de microteatro con Fabrizio Origlio, “Billetera mejora galán”, una comedia de 15 minutos que presentará en agosto.
“todavía miro tele, pero miro mientras respondo mensajes en el celular, mientras miro Instagram”
Y sigue, además, con “TVR”, cada sábado: este año, Papaleo volvió a la conducción y se hizo cargo del mítico envío, programa al que, reconoce entre risas, “hace mucho que le venía echando el ojo”.
Y “en un momento supe que iban a cambiar los conductores. Lo llamé al ‘Gato’ Sylvestre y le pedí que tire mi nombre. Y así pasó”, relata. ¿Por qué le generaba tanto entusiasmo conducir el programa? “Me parecía que tenía las herramientas, entre mi carrera de Ciencias Políticas, y esa cosa standapera, de actriz, que tiene el programa para analizar la realidad desde el humor, para que el sábado a la noche no sea tan bajón la realidad”.
LA OTRA CARRERA
Papaleo menciona su otra carrera: las Ciencias Políticas. Cursó desde 2017 y en 2024, pasito a pasito, se recibió. Y hasta quiere ser presidenta. “Soy temeraria”, dice sobre su tendencia a animarse a dar el salto. “Me río yo misma de la decisión que tomé, como si no fuera nada”, sigue, explicando que el día que decidió estudiar en la UBA “empecé sin tener la perspectiva de terminar, como complemento: me parecía que a los actores nos estaban pidiendo demasiadas respuestas, y quizás no teníamos las herramientas para responder. No tenía que hacer el CBC, ya tenía otra carrera empezada. Y como el CBC es el gran cuco, dije ‘bueno, me anoto’, como si no implicara nada. Un desastre. Una carrera es un montón, es una gran carga”.
Pero así comenzó, y fue avanzando, entre compromisos actorales y personales, “y en un momento me di cuenta de que me iba a recibir: no podía creerlo, estaba emocionada que iba a tener un título universitario”.
“Tiene mala prensa analizar el pasado, pero lo que hay que entender es que tomamos decisiones como resultado de lo que somos”
La política también es parte de su ADN, la otra parte de su historia familiar. “Vengo de una familia muy politizada, los viejos de mi viejo eran anarquistas, así que si bien mis raíces tienen que ver mucho con el arte, te digo que se habló siempre mucho más de política que de arte. Para nosotros, la política es algo cotidiano”, cuenta quien fue candidata a legisladora porteña por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Y traza un paralelismo: así como no se puede entender su presente sin conocer ese pasado, esa familia entre la política y el arte, lo mismo ocurre con el país. “Tiene mala prensa analizar el pasado, pero lo que hay que entender es que tomamos decisiones como resultado de lo que somos, de cómo hemos vivido nuestra vida: no hay un borrón y cuenta nueva”, opina. “Eso nos pasa también como país, no entender que somos el resultado de nos quita mucho de panorámica para tomar mejores decisiones”.
La carrera, en ese sentido, le dio “herramientas” para tener “un panorama más amplio: así, a lo mejor, una no se deja llevar por un microclima, ya sea a favor o en contra. Sirve para ver los procesos que se repiten, para alejarse del día a día”.
Sirve también, insiste, para cuando a los actores les vienen a pedir respuestas de la realidad, algo que fue bastante usual en el pico de la “grieta”. “Creo que tuvo que ver con una ola de mucha militancia de los actores”, reflexiona. “El vuelto fue que, ya que eras conocido, que tenías acceso a los medios, además de preguntarte por tu trabajo había que dar respuestas políticas. Ahora bajó un poco, creo que tiene que ver con que los actores no estamos tanto en la tele, no hay ficción, entonces ese tipo de espacio público no lo tenemos tan ganado”.
El presente le cuesta a los actores, pero a todo el mundo, cierra Papaleo. “Es un momento difícil, la verdad. La carrera la empecé en otro momento, en 2017, previo a la pandemia. Había más ánimo, y yo me podía armar mi microclima, pasaban cosas pero yo vivía dentro de un apunte de la UBA… Hoy no sé si podría, porque también me pegó el coletazo anímico. Lo que más me tira para atrás es que se pongan en cuestión discusiones que ya teníamos saldadas, o eso pensábamos al menos. Y hay que empezar a discutir otras cosas, además, con las redes, la inteligencia artificial, la manera que atraviesan las democracias… pero, en cambio, otra vez hay que ponerse a discutir cosas que ya estaban saldadas.”
SUSCRIBITE a esta promo especial