Columnista de AFP
En la montañosa provincia china de Guizhou, un conjunto de edificios de estilo europeo, con una torre de reloj y un puente de múltiples arcos, emite un zumbido bajo y constante, una pista de su inesperada identidad como el centro de datos más grande del gigante tecnológico Huawei.
El complejo, que parece una pequeña ciudad, es único en su diseño, pero no en su ubicación. En los últimos años se han construido docenas de centros de datos en esta provincia del suroeste.
Forman parte de una estrategia gubernamental que ha llevado a que gran parte de la infraestructura digital necesaria para el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial a lo largo de la costa este de China se establezca en el oeste del país, una zona rural y menos poblada.
La expansión continúa. China va camino de casi duplicar la capacidad de sus centros de datos en los próximos cinco años, a medida que se intensifica la competencia tecnológica con Estados Unidos y otros países tratan de evitar una crisis informática que podría frenar la expansión de la IA.
Los proyectos han transformado algunos lugares, como la Nueva Área de Guian, donde se ubican el centro de datos de Huawei y otros.
En Europa y Estados Unidos, la construcción de centros de datos a menudo ha encontrado resistencia por parte de las comunidades locales, que expresan preocupaciones en torno a los precios de la energía, así como a cuestiones ambientales como el consumo de agua y el ruido.
Sin embargo, en China la disidencia está estrictamente controlada, especialmente en lo que respecta a la política del gobierno central.
En 2021, el gobierno le dio un nombre a su estrategia: “Datos del Este, Computación del Oeste”.
La lógica de construir en lugares como Guizhou, con su clima más fresco, abundante energía renovable y espacios disponibles, responde a varios frentes.
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