TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Como jefes imperiales, Trump y Xi se mueven entre pandas y lujo

Salones fastuosos, músicos ceremoniales y gestos de poder convirtieron la cita bilateral en un escenario digno de una corte
El presidente chino escucha a Trump, antes de pronunciar su discurso durante una cena de Estado en la Casa Blanca, en Washington / AFP
una revista militar en honor al presidente de China, Xi Jinping, en el Jardín de Rosas de la Casa Blanca / AFP

Por Redacción

Dos presidentes, dos potencias y una puesta en escena digna de un imperio. La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en Washington tuvo trompetas, uniformes, banderas, granito, un futuro salón de baile inspirado en Beijing, empresarios tecnológicos, pandas y una generosa dosis de solemnidad. La Casa Blanca ofreció además un recorrido por obras y una conversación casi inmobiliaria sobre piedra.

Trump y Xi estuvieron reunidos unas tres horas, sin un resultado público que justificara el despliegue. El estadounidense habló de una “gran amistad”; el chino prefirió hablar de Estados, intereses y poder. Para Trump, la relación parece caber en una fotografía de dos líderes sonrientes; para Xi, se trata de administrar el vínculo entre las dos principales potencias.

La llegada de Xi y su esposa Peng Liyuan fue blanco de toda la artillería ceremonial. Trump y Melania salieron a recibirlos, mientras una guardia de honor esperaba y los músicos militares tocaban con una solemnidad imperial. Trompetas, soldados, banderas y militares incluso en el techo del Despacho Oval completaron una escenografía de película histórica.

Los periodistas tuvieron menos protagonismo que los músicos. No se permitió el ingreso de reporteros y solo pudieron entrar fotógrafos. Las preguntas sobre Taiwán, Irán y Jimmy Lai quedaron sin respuesta. Trump, eso sí, encontró un asunto mucho más accesible: el gusto de Xi por el granito. “Es un experto en piedra”, dijo, además de asegurar que al líder chino le encanta el buen granito. También hubo diplomacia en torno a este mineral.

El granito tenía una razón de ser. Trump llevó a Xi a observar las obras de su controvertido proyecto de salón de baile en la Casa Blanca, construido en el lugar donde estaba el Ala Este. El presidente estadounidense ha citado varias veces al Gran Salón del Pueblo de Beijing como inspiración para su propio proyecto. Trump aprovechó la visita para mostrarle una obra tan monumental que busca competir con una de las grandes construcciones políticas de China.

EL PANDA, LA ESTRELLA DE LA JORNADA

La jornada también tuvo una estrella de cuatro patas: el panda. China anunció el envío de nuevos ejemplares a Estados Unidos, un gesto que puede convertirse en el recuerdo más visible de la visita. Los pandas forman parte de la llamada “diplomacia del panda”: una herramienta de poder blando mediante la cual Beijing usa su envío o préstamo como señal de amistad y acercamiento.

Los grandes asuntos quedaron detrás de la escenografía. Las exportaciones chinas de tierras raras, fundamentales para numerosas industrias y una preocupación de la administración Trump, fueron mencionadas sin grandes definiciones públicas. Xi habló de cooperación y recordó que “es una vía de doble sentido”. También reclamó un trato justo para las empresas chinas en Estados Unidos.

Taiwán fue otro asunto. Según el resumen chino, Xi pidió a Trump que manejara el tema con prudencia y reclamó que Estados Unidos mantenga su postura de oposición a la independencia de la isla. Washington sostiene oficialmente que no apoya esa independencia. La diferencia quedó envuelta en lenguaje diplomático.

También quedó fuera de los grandes momentos públicos el caso de Jimmy Lai, fundador del clausurado Apple Daily. Lai fue arrestado en 2020 bajo la Ley de Seguridad Nacional impuesta por Beijing, condenado en diciembre de 2025 y sentenciado en febrero de 2026 a 20 años de prisión. Su proceso se convirtió en uno de los símbolos más visibles del retroceso de las libertades en Hong Kong. Pero en Washington hubo más espacio para el granito.

La cena reunió a buena parte del quién es quién de la tecnología estadounidense: Jeff Bezos, Elon Musk, Sundar Pichai, Jensen Huang, Sam Altman y Tim Cook, entre otros. Allí estaban figuras decisivas para el futuro de la IA y los semiconductores. Sin embargo Silicon Valley no fue el centro visible, pese a las acusaciones de Trump contra China por apropiación tecnológica.

Xi sostuvo que ambos países pueden seguir dialogando sobre los riesgos y beneficios de la IA y pidió prevenir su mal uso. Su frase más contundente fue que la tecnología debe mantenerse “bajo control humano”. Trump, en cambio, ha cuestionado los intentos de imponer límites a los agentes de IA. La diferencia quedó planteada, mientras la ceremonia parecía más interesada en mostrar quién tenía el mejor salón.

PARADOJAS E IRONÍAS TECNOLÓGICAS

La competencia tecnológica contiene una paradoja. Los laboratorios estadounidenses acusan a empresas chinas de copiar propiedad intelectual mediante la “destilación”, que permite utilizar datos de sistemas existentes para desarrollar otros. China, mientras tanto, busca reducir su dependencia de los chips avanzados estadounidenses.

Y la ironía tecnológica tampoco faltó: mientras Trump y Xi escenificaban una tregua entre dos potencias enfrentadas por los semiconductores, Nvidia -una de las empresas estadounidenses más importantes en la carrera por los chips para inteligencia artificial- tiene al frente a Jensen Huang, nacido en Taiwán y criado en Estados Unidos. Una paradoja bastante elegante para una cena en la que Washington y Beijing hablaban de cooperación mientras la batalla tecnológica seguía servida, aunque esta vez sin necesidad de cubiertos.

Trump y Xi también podrían volver a verse este año. La cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico será en Shenzhen en noviembre y el G20 se celebrará en Miami en diciembre. Ambos gobiernos dijeron que se apoyarían para organizarlos.

Mientras tanto, la imagen que queda de Washington es peculiar: dos líderes hablando de estabilidad estratégica, mientras uno le muestra al otro un salón de baile; periodistas excluidos, fotógrafos autorizados, trompetas imperiales, ejecutivos de IA sentados a la mesa y pandas en camino. La frivolidad tampoco ocultó el poco espacio público dedicado a los asuntos decisivos.

Y quizá esa sea la verdadera postal de la cumbre: cuando las grandes potencias no pueden resolver todos sus problemas, siempre queda la posibilidad de admirar el granito y enviar pandas. La diplomacia, después de todo, también necesita buenas fotos.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD