La imagen final de Gimnasia en el clásico, corriendo detrás de la pelota para evitar una goleada peor, fue un papelón. Con solo nueve jugadores en la cancha que hicieron lo que pudieron, el Lobo dejó de estar en partido en el momento del festejo del gol de Mancuso, cuando expulsión de Alexis Steimbach ya había roto el partido.
La roja al Ruso y la inexplicable doble amarilla en apenas tres minutos para Germán Conti terminó de despedazar la idea de partido del Pata Pereyra. Pero ojo: que la imagen de 20 minutos del primer tiempo no romantice el “¿que hubiera pasado si?” porque Gimnasia tenía el partido controlado, sí. Nada más. La muy buena atajada de Muslera ante el remate de Agustín Auzmendi no alcanza para imaginar un Gimnasia dominador del clásico.
Si Alexis Steimbach quiso ganar el partido de guapo, se equivocó de época: hay mil cámaras y el VAR terminó con el fútbol de los ‘80 donde el rigor se hacía sentir sin consecuencias. Steimbach es indefendible, ya que fue con los dos pies para adelante y levantó el derecho para raspar. La de Gaich en el inicio era amarilla (que Falcón Pérez omitió) pero no una acción comparable. Después, Germán Conti terminó de arruinar la tarde de los hinchas triperos al exponer al equipo a la goleada.
El planteo inicial de Pereyra fue demasiado cauteloso. Podrán decir que ante River en el Bosque también se protegió, pero en aquella ocasión jugó Jeremías Merlo por la izquierda y esta vez ese lugar lo ocupó Mateo Seoane, que desde ese lugar resigna cualquier chance de ataque y que no estuvo para tapar la subida de Eros Mancuso en el primer gol de la tarde, más allá de que ya Gimnasia jugaba con 10.
La imagen del Lobo en el inicio del juego es la de un equipo que se siente inferior a su rival. Agustín Colazo hizo dos goles en sus primeros dos partidos, afuera. Nicolás Barros Schelotto abrió al partido ante Barracas con un jugadón, afuera. Se entiende que Estudiantes no es Barracas por las características de sus jugadores, pero alguna vez hay que animarse. El Gimnasia de Cocca que ganó 3-1 en 2010 era infinitamente menos equipo que el Estudiantes de Sabella. Y la Reserva reforzada de Chirola en 2023 también tenía menos, por algo ese equipo se salvó del descenso en un desempate. La diferencia es que se animaron, aunque sean la excepción que confirme una regla.
Nadie le reclama responsabilidad a Ariel Pereyra porque Gimnasia ganó solamente 2 de los últimos 39 clásicos ni por lo 23 años sin ganarle a Estudiantes como visitante, pero ahora se generó un problema porque este no es un resultado que se olvida en una semana. Un 4-0 sin refuerzos en la cancha, sin ese salto de calidad que los socios votaron ilusionados y que -al menos por ahora- no aparece, ni en el fútbol ni en el día a día del club.
SUSCRIBITE a esta promo especial