El incendio registrado de madrugada en la subestación Tolosa de Edelap, que provocó un gran corte de suministro eléctrico a distintos sectores de La Plata y que también generó inconvenientes en el servicio de agua y cloacas debido a la interrupción del funcionamiento de instalaciones de Absa, puso otra vez a la Ciudad ante una grave emergencia y obliga a superarla en el menor plazo posible. Pero, al mismo tiempo, corresponde señalar que debiera revertirse la endémica fragilidad del sistema eléctrico en la Región.
En cuanto al incendio, la empresa eléctrica dijo en un comunicado que la reposición del servicio “continuará durante las próximas 72 horas, priorizando y garantizando las condiciones de seguridad, tanto para los usuarios como para todo el personal involucrado”.
Cabe señalar que, en este contexto, seguían las quejas de los vecinos que llevan más de 24 horas sin servicio.
En cuanto al origen del incendio, Edelap detalló que a las 2.30 de la madrugada “por causas que se encuentran bajo investigación, se produjo un incendio en una instalación perteneciente a la Subestación Tolosa, ubicada en calle 528, entre Camino General Belgrano y calle 9, de la ciudad de La Plata”. Además, la empresa informó que “de manera preventiva, se procedió a la evacuación de vecinos de inmuebles aledaños”.
En ese informe, ofrecido en la mañana del lunes, se dijo que el servicio se había visto afectado en zonas del casco urbano de La Plata y en los barrios de Tolosa, Ringuelet, Villa Castells, San Carlos, José Hernández y Gonnet, viéndose perjudicados unos 65 mil usuarios.
Cabe recordar que no es la primera vez que La Plata debe enfrentar este tipo de emergencias. El 11 de agosto de 1962 se desató un incendio que devastó a la Usina Eléctrica de Dock Sud, cortándose por completo el suministro para nuestra ciudad y muchas zonas del Conurbano. La Plata se quedó no solo sin suministro de luz y agua sino que también se vio anulado el entonces vital servicio de tranvías, originándose restricciones en todas las prestaciones que duraron varias semanas.
Más allá de que pudiera ser calificado como un suceso extraordinario, que no pudo preverse ni evitarse, no puede dejar de ponderarse que a principios de 2012 se conocieron los términos de un informe del Ente Nacional Regulador de Energía, que puso bajo la lupa el desempeño de distintas distribuidoras -Edenor, Edesur y Edelap, esta última de nuestra región- según el cual en los últimos siete años computados los cortes de luz habían aumentado hasta un 90 por ciento, mientras que la duración de cada uno de ellos había crecido un 175 por ciento.
No es necesario señalar que el nivel de la prestación no mejoró en el período corrido desde entonces y que, por el contrario, el servicio aparece como desbordado en forma habitual y extremadamente frágil ante cualquier emergencia. Los reiterados reclamos vecinales dan testimonio de ello.
Se habló muchas veces de la extrema fragilidad del servicio eléctrico en la Región. Si a las fallas estructurales -derivadas de una tantas veces mencionada como manifiesta falta de inversiones en las últimas décadas- se suman las que responden a los hoy recurrentes fenómenos climáticos, frente a los cuales el sistema eléctrico aparece cada vez más indefenso, resulta impostergable que las empresas responsables extremen recaudos para garantizar no sólo una mayor confiabilidad de los servicios sino, en su caso, el más pronto restablecimiento cuando se presenten las emergencias.
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