Para Daniel Roher hacer cosas es casi una compulsión. No sorprende, viniendo de alguien capaz de dirigir dos películas al mismo tiempo: un documental sobre inteligencia artificial que ya está disponible en streaming, y el thriller de robos “El afinador”, uno de los estrenos de esta semana en cines.
Es de esos tipos que están todo el tiempo creando algo: si no son películas, son bocetos, garabatos y pinturas, muchas veces mientras charla con otra persona. Eso no significa que esté disperso o ausente de la conversación —su cabeza es, simplemente, un lugar donde varias cosas pasan en simultáneo. Si tuviera que describirse a sí mismo con términos de edición cinematográfica, se define como un montaje humano.
Por eso resultó tan inquietante que, no hace mucho, después de haber ganado el Oscar a mejor documental por “Navalny”, esa canilla creativa se cerrara de golpe. Tenía 29 años, acababa de recibir el galardón más importante del cine y quedó paralizado frente a la pregunta de qué hacer después.
“Hay un patrón de gente joven que gana y después le cuesta mucho descifrar cuál es el paso siguiente”, le contó Roher a la agencia AP. “Tenía mucho miedo de eso, mucha ansiedad... por esa especie de fantasma de la película flotando sobre mi cabeza como un monolito gigante para el resto de mi vida: ‘Va a ser imposible que supere esto. Nunca va a hacer nada mejor que esto. Ya está, retirate.’”
Pero en medio de esa depresión creativa, mientras luchaba con la posibilidad de no poder volver a filmar nunca más, apareció una idea que terminaría siendo la semilla de “El afinador”: ¿qué pasa cuando ya no podés hacer lo que te define como persona? ¿En quién te convertís?
“Podría haber sido un cocinero que pierde el olfato, o un pintor que ya no puede sostener el pincel”, explicó Roher. “Pero a mí me atrapó ese universo sonoro del afinador de pianos que tal vez, por algún motivo, ya no puede tocar.”
UN AFINADOR DE PIANOS, POR CASUALIDAD
Mientras hacía lo que él llama la “gira del novio nuevo” —presentarse ante todos los amigos de quien hoy es su esposa, por Los Ángeles— se cruzó con un afinador de pianos de carne y hueso. Lo acribilló a preguntas, lo acompañó en su trabajo y tuvo una epifanía vinculada al arte de abrir cajas fuertes. Siempre le habían gustado las películas con un costado delictivo, esas historias de buena gente obligada a hacer cosas malas. Su nuevo amigo afinador le confirmó que la idea no era tan descabellada: bastantes colegas suyos hacen changas de cerrajería.
“Ahí me di cuenta de que esto podía funcionar como el gran clásico del cine, algo que yo podía convertir en una historia divertida, ágil, musical y romántica”, contó el director. Y arrancó la carrera. Nunca había escrito un guion narrativo ni dirigido a un actor, pero la motivación había vuelto. La canilla, otra vez, estaba abierta.
“El afinador” es de esas películas que la gente suele decir que “ya no se hacen”: mezcla el thriller criminal, la comedia romántica y el drama de personajes en un paquete inteligente y entretenido, heredero directo de algo como “En busca del destino”.
El afinador protagonista es Niki, interpretado por Leo Woodall (revelación de la segunda temporada de “The White Lotus”), que trabaja como aprendiz del veterano Harry Horowitz, a quien le pone el cuerpo Dustin Hoffman. Durante un trabajo en una mansión, Niki se topa con un robo en curso y, para salvar el pellejo, termina ayudando a los ladrones a abrir la caja fuerte. No tenía intención de convertirlo en un segundo trabajo, pero cuando Harry termina internado y las cuentas se acumulan, la cosa cambia. Para colmo, acaba de conocer a una pianista fascinante, interpretada por Havana Rose Liu.
“Tiene todo lo que le pido a una película. Es entretenida, es una historia simple, bien contada. Está impulsada por la trama, pero también mucho por los personajes. Es divertida, es ágil y deja satisfecho”, dijo Woodall. “La primera vez que terminé de leer el guion pensé: ‘esto es una historia perfectamente empaquetada.’”
Cuando Roher y Woodall se sentaron a tomar un café por primera vez, el director le preguntó a su protagonista cómo le gustaba que lo dirigieran. Para Woodall fue un momento desarmante —nunca nadie se lo había preguntado tan directamente— pero también un gesto de confianza que se sostuvo durante todo el rodaje. Hoffman también conectó de inmediato con Roher; más de uno lo comparó con Mike Nichols.
“Daniel, a diferencia de la mayoría de nosotros —yo incluido—, no se sentía intimidado por Dustin. Le tiene un respeto y un cariño enormes. Pero lo que más me gustó es que, cuando Dustin se iba un poco de tema improvisando, Daniel le decía: ‘Dustin, Dustin, hagamos las líneas ahora’”, se rió Woodall. “Y Dustin respondía perfecto, tipo ‘sí, señor’. Ahí pensé: estos dos hacen buena dupla.”
Roher ya tiene varios proyectos nuevos en marcha, incluido uno en Roma, ciudad a la que se mudó temporalmente con su esposa y su bebé. Y está contento de haber dejado atrás el bloqueo creativo.
“Estos últimos años fueron un renacimiento creativo extraordinario, una explosión, digamos, para mí: hacer ‘El afinador’ al mismo tiempo que este documental sobre IA”, dijo. “Balancear las dos películas en simultáneo fue un desafío creativo muy profundo. Y estoy muy contento de haber salido del otro lado, porque en su momento fue abrumador. Estoy muy orgulloso de las dos películas, y funcionaron como una gran contraprogramación entre sí.”
Ese estado de plenitud profesional y personal contrasta, fuerte, con la preocupación que Roher viene sintiendo por el estado del mundo en los últimos 18 meses. Aun así, agregó: “Valoro el hecho de que mi propio y minúsculo píxel dentro del gran mosaico de la existencia esté feliz, ocupado, creativo, pleno, optimista, inspirado, sosteniendo todas las multitudes al mismo tiempo.”
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