Hace algunos años el peón, el alfil, la torre, el caballo, la reina y el rey constituía un lenguaje que parecía haber quedado reservado para un grupo reducido de aficionados. Sin embargo, en la actualidad el panorama del ajedrez es muy distinto.
En La Plata, cada vez son más los niños, jóvenes y adultos que se acercan al tablero para aprender, competir o simplemente compartir una partida. El fenómeno se repite en distintos espacios de la Ciudad y forma parte de una tendencia que se observa en todo el país.
“Desde la pandemia para acá tuvo un gran auge el ajedrez”, resume -en diálogo con EL DIA- Iván Tries, presidente de la comisión directiva de uno de los espacios ajedrecísticos más importantes de la Región. Para él, el crecimiento responde a una combinación de factores que confluyeron en los últimos años.
Por un lado, la posibilidad de jugar de manera virtual permitió que miles de personas retomaran un juego que conocían desde chicos o aprendieran las reglas por primera vez. A eso se sumó el éxito de la serie “Gambito de dama” -cuya protagonista es Anya Taylor-Joy, actriz que tiene raíces argentinas-, que volvió a poner al ajedrez en el centro de la escena, y la irrupción del prodigio argentino Faustino Oro, cuya historia despertó el interés de una nueva generación.
“Los consumos culturales influyeron un montón. Muchas cosas de los personajes que muestran son súper normales: el estudioso, el que fastidia, el que es agrandado”, explica Tries.
Según cuenta, muchos de los chicos que hoy llegan a aprender lo hacen motivados por Faustino Oro, mientras que otros siguen una tradición familiar. “Hay hijos de ajedrecistas que vienen a aprender”, señala.
UN JUEGO QUE REÚNE GENERACIONES
Aunque el ajedrez suele asociarse con la competencia, quienes participan de la actividad destacan que también funciona como un espacio de encuentro.
En los últimos meses, las actividades infantiles reunieron a decenas de participantes. Uno de los torneos más recientes convocó a 40 chicos de hasta 13 años provenientes de distintos barrios de La Plata, además de Quilmes, Florencio Varela y otros puntos del conurbano bonaerense.
La presencia de las familias también llama la atención. Padres, madres, abuelos y hermanos acompañan a los jugadores y muchas veces terminan involucrándose en el juego.
“En el torneo había un montón de padres. Entre ronda y ronda se ponían a practicar estrategias”, recuerda Tries entre risas. Incluso cuenta que, en ocasiones, debieron pedirles que observaran desde afuera para evitar que los chicos se sintieran presionados. “Muchos nenes se ponen nerviosos si están los papás mirando.”
La escena se repitió durante “La Plata Lúdica”, el encuentro dedicado a los juegos de mesa realizado días atrás en la ciudad. Allí, el espacio destinado al ajedrez permaneció ocupado durante toda la jornada.
“Llevamos tableros y relojes para jugar partidas rápidas y siempre estuvo lleno. Se acercaban abuelos con nietos, padres con hijos”, relata.
El propio Tries reconoce que su historia refleja ese recorrido familiar. Aprendió a mover las piezas cuando tenía cinco años gracias a su abuelo, en un pequeño pueblo del sur bonaerense. “Después íbamos al club del pueblo y jugábamos. En un momento éramos entre diez y doce nenes jugando. Yo siempre me enganché”. recuerda.
MÁS QUE UN DEPORTE
Aunque suele definirse como deporte, el ajedrez también es valorado por sus beneficios educativos y cognitivos.
“Les trae muchos beneficios a los chicos. Aprenden a esperar, incorporan un montón de conceptos jugando”, explica Tries.
Por eso cada vez son más los colegios que incorporan talleres y actividades vinculadas al juego. Según sostiene, el aprendizaje excede las jugadas sobre el tablero.
“Acá no hay azar. Juega el que menos se equivoca. Te lleva a reflexionar sobre el error. Después de una partida perdida te quedás pensando en qué te equivocaste. Esa parte de intentar mejorar en la adversidad y sacar una conclusión te invita a seguir”, manifiesta.
Para él, esa forma de analizar los errores termina trasladándose a otros aspectos de la vida cotidiana. “No es una cuestión de inteligencia sino de desarrollar otra forma de resolver los conflictos”.
Los beneficios también alcanzan a los adultos mayores. Entre quienes concurren regularmente hay jugadores de más de 60 años que mantienen una rutina semanal desde hace décadas.
“Siempre van dos históricos que juegan juntos hace muchísimos años. Incluso les hicieron un cartel a mano”, cuenta.
Y agrega una recomendación que suele repetir: “Estudios internacionales actuales advierten que una partida de ajedrez por día y caminar es una combinación que ayudará mucho a los adultos mayores”.
EL AJEDREZ COMO HERRAMIENTA DE INCLUSIÓN
Más allá de la competencia, el juego también llegó a otros ámbitos donde funciona como una herramienta de integración.
En los últimos años se realizaron actividades en unidades penitenciarias, entre ellas la Unidad 8 de mujeres y la Unidad 61. “Llevamos tableros y relojes. Fueron experiencias muy buenas”, recuerda Tries.
Las historias que surgieron durante esos encuentros terminaron sorprendiendo incluso a los organizadores.
“Una de las internas nos contaba que desde que jugaba al ajedrez manejaba mejor los impulsos.
Pensaba un poco antes de actuar. Otra volvió a reencontrarse con su hijo gracias al ajedrez. Se amigaron otra vez a través del juego”.
Según explica, para muchas personas esas partidas también representan una forma de salir, aunque sea por un momento, de la realidad cotidiana: “La idea era pensar en otra cosa, pensar en el ajedrez más que en la cárcel”.
Esa diversidad también se observa en la Ciudad. “Acá vienen profesionales, estudiantes y hasta personas en situación de calle. Hay uno que nos gana a todos y juega súper bien”, expresa.
UN CRECIMIENTO CON NUEVOS DESAFÍOS
El crecimiento del ajedrez no está exento de cambios. Si bien hoy aprender resulta mucho más sencillo gracias a las plataformas digitales, también aparecieron nuevas formas de vincularse con el juego.
“Antes era todo mucho más artesanal. No tenía libros ni nada. Hoy la computadora te marca enseguida dónde te equivocaste”, detalla.
Sin embargo, para Tries esa evolución también tiene un costo: “Lo malo es que ahora se juega, pero no se charla tanto. Eso se perdió un poco. La pandemia marcó mucho eso”, piensa y dice.
A su entender, el contexto social también influye. “Las redes sociales generan muchas divisiones y cada vez razonamos menos. Socialmente estamos todos más distanciados”, asevera.
A pesar de ello, asegura que el interés sigue creciendo y que el movimiento ajedrecístico platense atraviesa uno de sus mejores momentos. Además del espacio que integra -donde concluyen entre 40 y 50 personas por día, y tiene casi 120 socios activos-, existen otras instituciones, escuelas y grupos que organizan torneos y clases en distintos puntos de La Plata (como en Villa Elisa o en la zona de Parque Saavedra), Berisso, Ensenada, además de propuestas universitarias y una liga regional que reúne a jugadores de diferentes ciudades.
También destaca la presencia del gran maestro platense Carlos Horacio García Palermo, una de las máximas referencias argentinas de este deporte, cuya trayectoria continúa siendo un incentivo para quienes empiezan. “Estamos todos en comunión. Hay gente que juega en distintos lugares y participa de las actividades de todos”, afirma.
Para Tries, la explicación del fenómeno es simple: “El ajedrez es uno de los deportes que más se practica después del fútbol. En casi todas las casas hay un tablero. La mayoría sabe mover las piezas. El juego siempre estuvo. Lo que cambió es que ahora mucha más gente decidió volver a sentarse frente a él”.
Declaración de Iván Tries, presidente de un club de la Ciudad “Te lleva a reflexionar sobre el error. Después de una partida perdida te quedás pensando en qué te equivocaste. Esa parte de intentar mejorar en la adversidad y sacar una conclusión te invita a seguir”
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