El corte de luz que afectó durante casi todo el día a distintos sectores de La Plata obligó a miles de vecinos a modificar sus rutinas, reorganizar sus actividades y, en muchos casos, afrontar gastos inesperados. A mediados de la tarde, unos 22 mil usuarios todavía permanecían sin suministro, mientras la incertidumbre sobre el momento de la reconexión llevaba a muchos a buscar alternativas para preservar alimentos, medicación y mercadería.
“Me preocupa mucho la comida que tengo guardada en el freezer”, expresó Gisella, empleada pública y vecina de 14 entre 37 y 38, quien cerca de las 18 todavía no había recuperado el suministro. La vecina tiene dificultades para movilizarse a raíz de un accidente y, debido a su situación, suele comprar comida ya preparada y almacenarla en el freezer.
“Desenchufé todo menos la heladera y el aire. Tengo muchas cosas freezadas porque, por mi situación, no me puedo mover mucho, entonces ya compro la comida que me quede ahí lista”, explicó. Sin embargo, más allá de la conservación de los alimentos, con el paso de las horas la incertidumbre sobre cuándo volvería la electricidad comenzó a complicarle también la organización de las próximas horas.
“Mañana tengo que trabajar, no sé si dejarme las cosas preparadas ahora, si mañana voy a tener luz o no”, contó.
El problema, además, había comenzado desde temprano y sin demasiadas respuestas. Cuando se despertó ayer por la mañana y advirtió que no tenía suministro, intentó realizar el reclamo correspondiente, pero no pudo hacerlo. “Me saltaba que mi número de usuario no era correcto, pero sí estaba bien”, relató.
“Lo que más nos preocupa es la medicación. La insulina no puede perder la cadena de frío”
Fernanda, vecina de Tolosa
La dificultad para ingresar los reclamos o conseguir información sobre la situación se repitió entre vecinos de distintos puntos de la Ciudad, que durante buena parte de la jornada permanecieron sin certezas sobre cuándo se restablecería el servicio.
A la preocupación por los alimentos y la imposibilidad de organizar las actividades cotidianas se suma, además, el impacto económico que tiene para muchos hogares un corte prolongado. En el caso de Gisella, la situación se da en un contexto en el que los gastos ya resultan difíciles de afrontar.
“A mí la boleta de luz me vino por lo menos el doble. Hay gente que le vino el triple”, afirmó.
Temor por la inseguridad
En la zona de 118 entre 527 y 528, en tanto, a los inconvenientes habituales de un corte prolongado se agregó otro temor: la inseguridad. Fabiana y Valentina, madre e hija y dueñas de un emprendimiento gastronómico, no pudieron trabajar durante la jornada porque la falta de electricidad les impidió poner en funcionamiento los equipos. Como consecuencia, perdieron producción y también las ventas de todo el día.
Pero el perjuicio económico no fue lo único que las preocupó. Después de haber sido víctimas de un fuerte robo, la posibilidad de atravesar la noche sin luz volvió a ponerlas en alerta.
“Lo que más nos preocupa es cuando quede todo oscuro. No nos andan las cámaras, la alarma, nada”, explicaron las vecinas, para quienes el corte significaba también quedar sin algunas de las herramientas que utilizan para reforzar la seguridad de su vivienda y su emprendimiento.
Por su parte Alejandra, vecina de esa misma cuadra, expresó su preocupación por la comida que tenía en el freezer. En especial, porque no encontraba un lugar a donde trasladarla, ya que tampoco contaba con familiares cercanos que tuvieran suministro eléctrico, todos estaban sin luz.
Al problema de la falta de luz, en su casa también se le sumó la falta de agua. Sin poder prender el bombeador durante toda la mañana su familia afrontó el feriado sin ninguno de los dos suministros.
Fernanda y su pareja, residentes de la esquina de 118 y 527, tuvieron que recurrir a la ayuda de conocidos para conservar su medicación. “Lo que más nos preocupa es la medicación. La insulina no puede perder frío, nos estamos yendo a llevar eso más que nada, pero ya que estamos aprovechamos y llevamos también la comida que teníamos en la heladera”, explicó la joven.
Algo similar hicieron María y Pedro, vecinos del Barrio Hipódromo, que decidieron trasladar parte de sus pertenencias a la casa de su hijo para preservar los alimentos y evitar mayores pérdidas.
Comercios
Para los comerciantes, las consecuencias fueron todavía más concretas. Los dueños de una pollajería de Barrio Hipódromo al ver que el problema no se solucionaba, durante la tarde tomaron la decisión de comprar un grupo electrógeno para intentar mantener la mercadería en condiciones y evitar que se echara a perder.
La solución de emergencia tuvo un costo de 1.200.000 pesos, un gasto extraordinario que se sumó a una jornada en la que muchos negocios directamente no pudieron abrir o trabajar con normalidad.
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