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El Mundial que casi no tuvo reyes

Salvo la efusiva participación de la familia real noruega, las monarquías europeas vivieron el torneo con bajo perfil. En cambio, las carreras de Ascot y el césped de Wimbledon siguen siendo los grandes escenarios donde la realeza británica despliega toda su liturgia

Peter y Harriet en el palco real de Ascot / Web
David e Isabelle en Ascot / Web
La princesa de Gales en Wimbledon
El duque de York en Wimbledon en 1926 / Web
Haakon, príncipe heredero de Noruega, llamando al remo vikingo / Web
Los reyes en Ascot / Web

Por Por VIRGINIA BLONDEAU

Estás palabras están escritas pocos minutos después de la consagración de la selección argentina como finalista de la copa del mundo y llegarán al lector junto con la definición largamente esperada.

Quiso el destino que los últimos dos partidos, los más importantes, se hayan disputado con países monárquicos, un hecho anecdótico que poco aporta al fútbol. Y es que las casas reales no se han involucrado institucionalmente con el torneo. Sí en lo personal mostró gran entusiasmo el rey Felipe VI de España y su tocayo y colega Felipe de los belgas. Pero hasta ahora, no mucho más.

LA MONARQUÍA QUE SÍ VIVIÓ EL MUNDIAL DESDE LA TRIBUNA

La excepción fue Noruega. La princesa Ingrid Alejandra y su hermano, el príncipe Sverre Magnus han acompañado al equipo desde las gradas; el rey Harald y la reina Sonia publicaron un video saludando a los jugadores, y el príncipe heredero participó del “remo vinkingo” junto a la multitud cuando descalificaron a Brasil. Para el equipo fue como ganar la final y fueron recibidos en Oslo como héroes en Palacio.

El príncipe heredero de Noruega participó del “remo vinkingo” cuando le ganaron a Brasil

A la familia real el entusiasmo le vino de maravilla ya que pudieron mostrar su cara más amable y levantar su imagen después de las horas bajas vividas con la salud de la princesa Mette-Marit y el juicio de su hijo por delitos sexuales. Un Mundial muy oportuno para la institución.

Posiblemente si Inglaterra hubiera llegado a la final podríamos haber visto al príncipe Guillermo, el único futbolero de los Windsor, hincha del Aston Villa y fan del “Dibu” Martínez, su arquero. Pero la casa real británica ha estado ausente en Estados Unidos.

Es curioso como en el país donde se inventó el fútbol, sus máximos representantes se involucren tan poco en un campeonato que cada cuatro años mantiene en vilo al mundo y a sus propios súbditos. Más aún cuando los propios reyes, los príncipes de Gales y toda la familia son protagonistas principales en otros certámenes deportivos.

ASCOT: CINCO DÍAS EN LOS QUE LA CORONA ES LA GRAN PROTAGONISTA

Digamos a modo de ejemplo que no podemos imaginar las carreras de caballos de Ascot sin la familia real. Cada año, a mediados de junio, el monarca y su consorte, ingresan a las pistas del Hipódromo de Ascot en el landó real y todos los ojos se posan en ellos porque son los verdaderos protagonistas de las cinco jornadas. Sus acompañantes, los ocupantes de los otros carruajes y los autorizados a ingresar al palco son cuidadosamente elegidos entre familiares y miembros de la nobleza.

Carlos y Camila suelen estar acompañados por los príncipes de Gales y por los príncipes Ana y Eduardo, hermanos del rey.

En la última edición, además, invitaron a dos parejas que, como ellos, se han dado una segunda oportunidad en el amor. El primer día de carreras estuvieron junto a los reyes Peter Philips, sobrino mayor de Carlos, y su flamante esposa, Harriet Sperling, una enfermera que parece haber nacido para princesa y fue muy bien recibida por su suegra, la princesa Ana. Ambos, ya cerca de los 50 años, tienen hijos de matrimonios anteriores. A Harriet Mirtha Legrand le diría “Querida, eso no lo compraste con tu sueldo de enfermera” ya que suele llevar vestidos de Suzannah London, Beluah o Emilia Wickstead al igual que las damas reales de su nueva familia.

El tercer día de Ascot los reyes tuvieron a su lado a David Armstrong-Jones, y a su novia, Isabelle de la Bruyère, oficializando así un compromiso que por ahora no tiene fecha de boda. David es hijo de la princesa Margarita y el primo más cercano a Carlos. Siempre tuvo perfil bajo pero la refinada elegancia de Isabelle no pasa desapercibida. Carlos y Camila viven Ascot con emoción; sufren y se alegran con la performance de sus caballos. Carlos saca a pasear sus fracs y sus sombreros de copa y Camila las joyas de la corona. Cinco días en que su presencia marca la agenda deportiva.

Es curioso como en el país donde se inventó el fútbol, sus máximos representantes se involucren tan poco

WIMBLEDON, EL TORNEO DONDE LA REALEZA NUNCA FALTA

Que no se centren en el fútbol tiene también una excusa: en paralelo con el Mundial, se realiza el torneo de tenis en Wimbledon. Se juega anualmente en el All England Lawn Tennis and Croquet Club y es un acontecimiento deportivo tan estrechamente vinculado a la realeza que el propio rey Jorge VI, cuando aún era duque de York, participó en él.

Justamente en junio pasado se han cumplido 100 años del día en que jugó un partido de doble mixto junto a su médico, amigo y edecán sir Louis Greig. Ellos ya habían ganado un torneo juntos y con este argumento Louis logró convencer al tímido duque quien aceptó con la condición de no jugar en el court central. Hizo bien porque la victoria de los contrarios, unos señores bastantes mayores que ellos, fue de 6-1 6-3 y 6-2. El duque, zurdo él, no pegaba una y más nervioso se puso cuando, desde las gradas alguien le gritó “Señor, pruebe con el otro brazo”. Desde el palco lo observaba su esposa, quien hacía un par de meses había dado a luz a una niña que sería reina de Inglaterra durante 70 años y a quien nunca se la vio con una raqueta en la mano.

A Isabel II no le gustaba el tenis y durante años la representó en Wimbledon su primo, el duque de Kent. En 2016 cedió el patronazgo del torneo a su nieta política Kate.

Kate juega al tenis desde pequeña y ha inculcado el deporte a sus hijos. Su presencia es muy esperada y su ausencia en 2024, cuando no pudo asistir por estar recibiendo quimioterapia, se notó. Pero tuvo revancha y tanto este año como el pasado ha recibido al llegar al estadio las ovaciones más estruendosas y prolongadas que se han visto en Wimbledon. Se la nota entusiasta en los partidos y feliz de amadrinar el torneo.

No pasan desapercibidos, lógicamente, sus atuendos, siempre con un toque que nos recuerda su amor por el tenis. El año pasado fueron las polleras tableadas típicas de las tenistas del siglo pasado y este año ha elegido un vestido de Emilia Wickstead tan verde como el césped de Wimbledon.

Alegría y entusiasmo hay en todas las competiciones pero la pasión que despierta el fútbol no se iguala. Y en sentir pasión no hay rey ni reina ni princesa que a un argentino pueda hacerle sombra, más allá del resultado.

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