Mientras el invierno todavía domina el guardarropa argentino con tapados, tejidos gruesos y botas, el mundo de la moda ya mira varios meses hacia adelante. Y una de las tendencias que empieza a ganar terreno llega impulsada por un inesperado aliado: La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan.
Zendaya, Anne Hathaway, Lupita Nyong’o y Charlize Theron aparecieron con vestidos de líneas fluidas, telas livianas y delicados pliegues que remiten a la estética de la antigua Grecia. Esa sucesión de apariciones alcanzó para devolver al centro de la escena un clásico que parecía haber quedado en pausa: el vestido plisado con efecto arrugado.
No se trata de un diseño nuevo, sino de una reinterpretación de una prenda con más de un siglo de historia. Su versión más célebre fue el Delphos, creado por Mariano Fortuny a comienzos del siglo XX, un vestido revolucionario para su época porque abandonaba los corsés y permitía que la tela acompañara el movimiento natural del cuerpo.
Ese concepto vuelve a cobrar fuerza en un momento en el que la moda parece empezar a alejarse de las siluetas rígidas que dominaron las últimas temporadas. Después del auge de los corsés, los cuerpos estructurados y las prendas que moldeaban la figura, aparecen diseños que priorizan la comodidad sin resignar sofisticación.
La clave está en los pliegues. Finos, irregulares o apenas marcados, generan volumen y movimiento sin necesidad de costuras complejas ni estructuras internas. La tela cae con naturalidad, cambia según la luz y acompaña cada paso, logrando una imagen elegante que no depende de prendas ajustadas.
La inspiración remite directamente al peplo y al quitón de la Grecia clásica, confeccionados a partir de grandes piezas de tela que envolvían el cuerpo sin oprimirlo.
Otro de los atractivos de esta tendencia es su costado práctico. Los tejidos plisados suelen conservar su forma, requieren poco mantenimiento y prácticamente no necesitan plancha, una característica que hoy resulta tan valorada como el diseño mismo. Son prendas fáciles de transportar y de usar, pensadas para acompañar el ritmo cotidiano.
Claro que, al menos en Argentina, todavía habrá que esperar.Pero, las tendencias internacionales suelen anticiparse con varios meses de ventaja y funcionan como una ventana hacia lo que dominará los escaparates en el futuro.
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