La noticia que dio referencias sobre la recuperación y saneamiento de las aguas del río Klamath que atraviesa los estados de Oregón y California en los Estados Unidos y que desemboca en el océano Pacífico, resulta valiosa en la medida en que, junto a otros ejemplos existentes en el mundo, permite alentar expectativas sobre la suerte de muchos de nuestros cursos de agua, sometidos a graves procesos contaminantes.
Según se informó, el Klamath estuvo durante más de un siglo afectado por una sucesión de represas que alteró la pureza de su curso y transformó su ecosistema. Todo comenzó en 1918 con la construcción de la primera represa hidroeléctrica que interrumpió el libre paso de sus aguas.
Con el tiempo, cuatro grandes barreras modificaron la temperatura del agua, bloquearon el transporte de sedimentos e impidieron que numerosas especies, entre ellas la del emblemático salmón Chinock, accedieran a sus áreas de reproducción.
Finalmente, se decidió demoler a las represas y el Klamath comenzó a recuperar su dinámica natural. Para los pueblos indígenas Yurok, Karuk y Hoopa, impulsores de esta iniciativa, el regreso del salmón simboliza la recuperación de un vínculo ancestral con el río y su identidad.
Existen otros ejemplos en el mundo, como el del río Támesis que cruza la ciudad de Londres, que sufrían altos y pretéritos niveles de contaminación y pudieron ser recuperados.
Claro que fue distinto y más trabajoso el saneamiento del Támesis, en un proceso histórico de más de un siglo que implicó la realización de diversas obras de envergadura luego del “Gran Hedor” de 1858 y la posterior construcción de plantas depuradoras en el siglo XX.
Lo cierto es que se destinaron inversiones millonarias y en la actualidad sus aguas recuperaron pureza y revivió la fauna acuática.
En el caso de nuestro país, en cursos de agua como el Riachuelo y sectores costeros del Río de la Plata, así como en nuestra zona el arroyo Del Gato, se conoce que persisten bajo altísimos registros contaminantes, sin que se hayan iniciado acciones concretas para combatirlos.
El patrimonio de los cursos de agua de la Argentina, no sólo interiores sino también las de las costas, es sumamente valioso.
Pero el estado que presentan algunos de ellos dista de ser ideal. Se sucedieron numerosos proyectos que quedaron en simples cartas de intención, y en la medida en que no se inicien las obras que hacen falta, las inversiones serán cada día mayores.
Lo que debe tenerse en cuenta, es que existen alternativas capaces de combatir la contaminación de esas aguas y volverlas compatibles al entorno natural.
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