A pesar de la profunda tradición católica, Juan Pablo II ha sido el único Papa en ejercicio que visitó la Argentina en toda la historia. Pero lo hizo en dos oportunidades: en 1982, en medio de un clima dramático por la Guerra de Malvinas, y en 1987, durante la consolidación de la democracia. Ambas giras tuvieron contextos históricos y propósitos radicalmente opuestos, pero dejaron su huella.
La primera visita fue el 11 y 12 de junio de 1982. Una visita relámpago de apenas 31 horas, realizada en el tramo final del conflicto bélico en el Atlántico Sur. Karol Wojtyła ya tenía programado un viaje a Gran Bretaña. Para mantener la neutralidad del Vaticano y enviar un mensaje de paz equilibrado a ambos pueblos en conflicto, decidió sumar de urgencia una escala en Buenos Aires.
Se recuerda aquella misa multitudianaria en Luján: Ante cientos de miles de personas bajo la lluvia, el Papa pronunció una histórica homilía enfocada en la reconciliación y el fin de las hostilidades. La rendición argentina en Puerto Argentino se produjo solo dos días después de su partida (el 14 de junio).
La segunda visita fue más extensa, entre el 6 al 12 de abril de 1987. A diferencia de la primera, esta fue una visita pastoral para encabezar por primera vez fuera de Roma la Jornada Mundial de la Juventud en la Avenida 9 de Julio. Fue un hito en la historia de las reuniones católicas.
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