La producción de huevos atraviesa un escenario complejo en el cordón rural de La Plata, El Peligro y Bavio, pese a que mantiene un fuerte peso en el abastecimiento local. Según referentes del sector, cerca del 90% de los huevos que se consumen en la Ciudad proviene de establecimientos de la región, pero los productores enfrentan una fuerte caída de la rentabilidad por la sobreoferta y el aumento de los costos. Esto podría generas subas futuras en precios al consumidor.
La actividad representa una parte importante de la economía agropecuaria regional y reúne a más de 40 establecimientos dedicados a la producción de huevos. El circuito se completa con empresas vinculadas al alimento balanceado, transporte, clasificación y comercialización. A nivel bonaerense, se estima que la Provincia concentra alrededor del 55% de la producción nacional, mientras que la región aportaría cerca del 45% de los huevos bonaerenses.
“Estamos vendiendo un 40% más barato que el año pasado con un 50% de inflación acumulada en el medio”, explicó Javier Prida, presidente de la Cámara Argentina de Productores Avícolas (CAPIA), al describir la situación que atraviesan las granjas. El dato permite dimensionar una de las principales preocupaciones: mientras los precios de venta retrocedieron, los gastos necesarios para producir continúan presionando sobre los establecimientos.
En ese sentido, Ernesto Pais dos Santos, referente de la actividad, señaló que “el 90% del huevo que se consume en la ciudad es producción del lugar, principalmente de El Peligro y Bavio”. Según explicó, el consumo en los comercios se mantiene relativamente estable, pero la pérdida de compras institucionales por parte del Gobierno bonaerense significó un golpe para un sector que tenía allí un canal importante de comercialización.
A esto se sumó un incremento de la producción. Durante los últimos meses, varios establecimientos incorporaron más animales, lo que derivó en una mayor disponibilidad de huevos y terminó generando un escenario de sobreoferta. “Muchos productores incorporaron más animales y hoy todos estamos trabajando prácticamente al costo”, resumió Pais dos Santos.
Uno de los principales componentes del costo es la alimentación, que representa aproximadamente el 70% de lo que cuesta producir un huevo y depende fundamentalmente del maíz y la soja. A esos insumos se agregan combustibles, servicios y otros gastos vinculados al funcionamiento de las granjas, lo que deja márgenes cada vez más reducidos para los productores.
La situación también generó cuestionamientos a un informe que había señalado una fuerte suba del precio del huevo durante julio. Desde el sector rechazaron esos números y sostuvieron que no reflejan los valores que encuentran actualmente los consumidores. De hecho, el maple, que un año atrás rondaba los 8.000 pesos, hoy puede conseguirse entre 4.000 y 4.500 pesos, según los productores.
Frente a la caída de los precios internos, el sector comenzó a buscar alternativas en el mercado externo. Productores de la región trabajan en acuerdos para industrializar huevos y destinarlos a la exportación, con mercados como Rusia y Japón entre los destinos mencionados. La apuesta apunta a reducir la sobreoferta y encontrar una salida para una producción que, paradójicamente, llega a las góndolas a precios más bajos mientras las granjas enfrentan una de sus etapas más difíciles.
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