Hay historias policiales que parecen sacadas de una novela negra. Lo ocurrido ayer en City Bell reúne todos los ingredientes de una situación tan insólita como estremecedora.
Lo que iba a ser una usurpación terminó convirtiéndose en el descubrimiento de un cadáver que llevaba meses dentro de una vivienda sin que nadie advirtiera su ausencia. O los que sí la advirtieron no fueron lo suficientemente convincentes para despertar la atención de las autoridades.
El episodio ocurrió en una propiedad ubicada en 473 bis y 14 B, jurisdicción de la comisaría décima de City Bell.
Según informaron fuentes policiales, todo comenzó cuando una mujer de 50 años se presentó en la dependencia policial para contar lo que acababa de vivir.
La mujer relató que había ingresado en una finca que creía abandonada con la intención de ocuparla. Para acceder rompió la puerta de ingreso y, apenas recorrió algunos metros dentro del inmueble, se encontró con una escena que jamás imaginó.
En una de las habitaciones, junto a una cama, yacía el cuerpo de un hombre en avanzado estado de putrefacción, con exposición ósea y en posición fetal.
El fuerte deterioro del cadáver evidenciaba que llevaba un prolongado período dentro de la vivienda.
El estado del inmueble reforzaba la idea de abandono, que pudieron constatar los propios investigadores apenas ingresaron en la finca completamente deteriorada, con signos de desidia tanto en el interior como en el exterior.
Sin embargo, mientras para quien intentó ingresar parecía una propiedad ideal para tomar, la realidad era muy distinta: quien -se cree- sería su propietario o poseedor seguía allí, fallecido desde hacía meses.
Personal de seguridad enseguida preservó la escena y comenzó las primeras averiguaciones entre los vecinos para acercar algunas certezas en medio de tanto desconcierto.
Fue entonces cuando apareció otro dato tan llamativo como preocupante.
Varios frentistas indicaron que el morador era un hombre mayor llamado Jorge, pero reconocieron que hacía aproximadamente seis meses que nadie lo veía.
Dentro de la vivienda los efectivos encontraron documentación y una factura de servicios a nombre de Jorge Alberto Quintanilla, de 76 años, domicilio coincidente con el lugar del hallazgo.
Todo indica que el hombre habría fallecido solo y que nadie advirtió su ausencia durante un extenso período.
La situación entonces presenta una paradoja difícil de pasar por alto. Si la mujer no hubiera decidido ingresar a la vivienda con fines de ocupación ilegal, probablemente el cuerpo habría permanecido allí durante un tiempo aún mayor.
El intento de usurpación terminó frustrado por una circunstancia absolutamente inesperada: el hallazgo del cadáver.
Ese giro inesperado convirtió un posible expediente por violación de domicilio en una investigación por averiguación de causales de muerte.
La investigación
La fiscal de turno, María Eugenia Di Lorenzo, de la UFI N° 17 de La Plata, ordenó la intervención de la Policía Científica y el traslado del cuerpo a la Morgue Judicial para la realización de la autopsia correspondiente.
Hasta el momento, los investigadores señalaron que no se observaron signos de violencia en la vivienda, más allá de la puerta de ingreso dañada por la mujer que intentó acceder al inmueble.
Tampoco trascendieron indicios que hagan presumir, en principio, la participación de terceros en el fallecimiento.
La denunciante aclaró además que no mantenía ningún vínculo familiar con Quintanilla y que desconocía quién era el propietario de la vivienda.
Más allá de lo llamativo del caso, la investigación deja al descubierto una realidad silenciosa.
Según pudieron reconstruir los investigadores a partir de los testimonios de vecinos, Jorge Alberto Quintanilla no tendría familiares cercanos, circunstancia que explicaría por qué nadie denunció su desaparición ni reclamó por su ausencia durante meses.
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