Mientras algunas investigaciones en curso apuntan a buscar estrategias para que los menores de edad no caigan las apuestas digitales, la realidad muestra que se convirtieron en una práctica extendida entre chicos y adolescentes, impulsada por los llamados casinos virtuales, los teléfonos celulares, las billeteras virtuales, la publicidad permanente y una creciente naturalización del juego asociado al deporte.
Las plataformas digitales funcionan las 24 horas del día y ofrecen acceso inmediato. Y, tal como se dijo anteayer en este diario, el resultado es un escenario cada vez mas complejo para familias, escuelas y organismos públicos, enfrentadas a un fenómeno que se expandió más rápido que la capacidad de regulación y prevención.
Una investigación realizada por el Observatorio de la Cruz Roja Argentina sobre 11.421 estudiantes secundarios reveló que seis de cada diez jóvenes realizan apuestas. Por su parte, un trabajo de Unicef Argentina determinó que uno de cada cuatro adolescentes de entre 12 y 17 años apostó alguna vez. En ese contexto la dirección de Lotería bonaerense informó que durante 2025 denunció unos 300 sitios de apuestas ilegales en la Provincia.
Se conoce que sin necesidad de salir de sus casas, ni de exponerse a lugares en los que deban constatar su mayoría de edad, los adolescentes tienen un gran abanico de juegos para apostar. Aunque las deportivas son las favoritas, en muchos sitios digitales pueden jugar a otros clásicos como al póquer o a los tradicionales juegos del casino. Y aunque ingresen por curiosidad, como algo meramente recreativo o para imitar a sus pares, los chicos se exponen a un peligro inminente.
Es allí donde cobra importancia la intervención de los padres, sobre todo si se tiene en cuenta que muchos chicos se inclinan al juego a tan tempranas edades. La vulnerabilidad de los adolescentes y jóvenes frente al juego en línea, dicen los especialistas, no tiene una sola explicación sino que es el resultado de una interacción compleja de factores individuales, sociales, económicos y culturales.
La posibilidad de ganar dinero es una de los factores que impulsan a los chicos a jugar, sobre todo cuando en redes sociales circulan numerosas historias de personas que han obtenido jugosos premios por adivinar el resultado de un partido de fútbol o por atinar quien será el nuevo eliminado de Gran Hermano, retos que vuelven estas plataformas más tentadoras en especial porque solo se cuentan los triunfos y no las derrotas.
Ya existen acciones oficiales, como las impulsadas en algunos distritos -entre ellos el de Mar del Plata- consistentes en desplegar campañas de prevención dirigidas a los adolescentes para que tomen conciencia sobre los riesgos que corren.
Es hora ya que las autoridades de diversas jurisdicciones encuentren fórmulas legales y técnicas destinadas a frenar este desborde social y los comprobados peligros que el juego por Internet depara a sus jóvenes cultores y a sus familias.
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