Cuando un equipo da vuelta un partido difícil contra un rival ordenado tendemos a pensar que fue por "pura garra", suerte o una genialidad individual. Pero en el deporte de alto rendimiento, las remontadas no son milagros. Lo que sostiene a un plantel en los peores momentos no es la fuerza física, sino la cabeza y la estabilidad emocional del equipo.
La Selección Argentina no reacciona por desesperación; tiene un diseño mental que se viene entrenando hace años. Desde la psicología aplicada al deporte, hay 3 claves que explican cómo hacen para dar vuelta la historia.
Amigarse con el error: la verdadera ventaja
En los partidos donde la presión quema, la diferencia está en cómo se reacciona ante la equivocación. En este proceso, se logró algo fundamental: quitarle drama al fallo. Si un jugador pierde una pelota ni el técnico lo condena ni sus compañeros lo miran mal. El error se toma simplemente como un dato: "Ok, esto salió mal, hay que corregirlo ahora".
Cuando el futbolista no tiene miedo a equivocarse juega libre. No gasta energía mental en reprocharse ni en "jugar con miedo". Decide más rápido, arriesga más y es más creativo. Un equipo maduro es el que se perdona rápido; por eso, mientras el rival festeja el error ajeno, ellos ya están pensando en la siguiente jugada y van un paso adelante. Saben que tienen una red de contención: si uno falla, el compañero lo respalda.
El "Nosotros" por encima del "Yo"
Cuando las cosas salen mal y el equipo va perdiendo, lo más común es que los grupos se partan y cada uno intente salvarse solo, ignorando las instrucciones del técnico. Con la “Scaloneta” pasa todo lo contrario.
La identidad del plantel es tan fuerte que funciona como un ancla en medio de la tormenta. El "Nosotros" siempre le gana al "Yo". Los jugadores tienen clarísimo cuál es el plan, qué tienen que hacer y qué se espera de cada uno. En los momentos de máxima tensión, el equipo no inventa cosas raras ni improvisa: se refugia en lo que mejor sabe hacer, en lo que el proceso les demostró que funciona.
La memoria de las batallas ganadas
La verdadera confianza no es tener "optimismo ciego" o pensar que todo va a salir bien porque sí. La confianza real se basa en los hechos. El archivo mental de este plantel está lleno de partidos difíciles que supieron sacar adelante. Por eso, cuando van abajo en el marcador, no lo ven como el fin del mundo o una amenaza definitiva. Lo ven como un problema difícil, pero transitorio; un desafío que ya vivieron y que ya saben cómo resolver. De ahí viene esa llamativa tranquilidad que transmiten cuando el contexto es totalmente desfavorable.
A modo de conclusión, podemos decir que el verdadero éxito de un proceso largo no se mide solo por las copas que se guardan en la vitrina. Se mide también en la construcción de una estructura mental capaz de aguantar los golpes lógicos de cualquier partido.
La flexibilidad para adaptarse, la confianza mutua y la unión del grupo no surgen de la nada ni se logran con una charla motivacional de 5 minutos antes de salir a la cancha. Son resultado del trabajo de todos los días, donde equivocarse es parte del aprendizaje y donde el equipo siempre -pero siempre- está por encima de las individualidades.
(*) @lic.trotta Psicóloga Especialista en Deporte y Actividad Física. Co-coordinadora de la subcomisión de Psicología Aplicada al deporte y a la actividad fisica. Colegio de psicólogas y psicólogos de la Provincia de Buenos Aires. Distrito XI
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