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La Plata: del mito fundacional al desafío capital

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Por Por CARLOS G. LAZZARINI

La Plata no fue una ciudad que creció lentamente alrededor de un puerto, un mercado o un corredor comercial. Fue producto de una decisión política, una de las apuestas institucionales más audaces de la Argentina del siglo XIX. No nació para administrar una provincia, sino para imaginarla.

Ese fue su verdadero mito fundacional. Y como ocurre con todos los grandes mitos, no solo explicaba un origen, también proyectaba un destino. El trazado urbano, los edificios públicos, la Universidad, el Museo, el Observatorio y las instituciones que, con el tiempo, comenzaron a darle identidad, respondían a una misma convicción. La nueva capital debía convertirse en el lugar desde donde Buenos Aires pudiera pensarse y proyectarse. Irradiar hacia adentro y hacia afuera.

Pero los mitos también tienen un límite. Cuando el relato de origen deja de dialogar con las preguntas del presente, corre el riesgo de convertirse en patrimonio. Conserva prestigio, despierta admiración y organiza la memoria colectiva, pero, sin embargo, pierde la capacidad de orientar el futuro.

Los orígenes tienen peso, pero como les ocurre a las personas, a las instituciones y a los partidos políticos, también les ocurre a las ciudades. Y ninguna comunidad puede vivir indefinidamente de aquello que hizo hace casi 150 años. Cada generación necesita construir su propio horizonte.

“Los orígenes tienen peso, pero ninguna comunidad puede vivir de aquello que hizo hace casi 150 años”

GRAVEDAD PARA IRRADIAR

La Plata no necesita revisar su nacimiento. Necesita reinterpretar su misión. Porque ya no solo debe preguntarse por qué fue fundada, sino entender cuál es su desafío para las próximas décadas. Si se quiere, de cara a su bicentenario.

Durante años la Provincia discutió sus grandes temas mirando hacia otro lado. Muchas veces buscó validación política, económica, cultural e incluso simbólica, fuera de su propio territorio. Como si todavía le costara reconocerse como un espacio capaz de producir liderazgo, agenda y relato propio.

Conviene recordar que La Plata vino a resolver el grave problema que significó, para la provincia de Buenos Aires, la federalización de su capital en 1882. Una amputación dramática y con secuelas que persisten.

Las capitales ejercen gravedad. Atraen, articulan, concentran, organizan, y generan conversación. Y su irradiación es la consecuencia visible de algo que sucedió. Sin gravedad no hay irradiación. Pero la gravedad política, económica y cultural bonaerense sigue desplazada hacia la ciudad de Buenos Aires. O más bien, hacia “lo nacional” más que a “lo bonaerense”.

Toda fundación es también una promesa. La de La Plata se organizó en torno a valores como unidad, modernidad, progreso, conocimiento y futuro. Un siglo y medio después, esas ideas siguen ahí, pero ya no significan lo mismo. Notarlo, es el primer ejercicio de honestidad que el bicentenario nos exige como platenses.

La Provincia necesita unidad en su capacidad de articularse como territorio. Ya necesita modernidad, ya no solo arquitectónica, sino como infraestructura del conocimiento. Y asimilar que el progreso que la ciencia positivista del siglo XIX juraba lineal e inevitable, hoy se manifiesta disputado, incierto y reversible.

La Plata necesita ser punto de gravedad. La capacidad de volver a convertirse en el lugar donde una provincia organiza la conversación, concentra talento y produce sentido.

CENTRO DE UN FUTURO IMAGINADO

Esa distinción, que el siglo XIX resolvía con cierta elegancia arquitectónica, hoy exige responder la pregunta por el rumbo de un territorio que no se agota en ningún municipio en particular. No es solamente construir futuro. Es volver a convertirse en el centro intelectual, institucional y político desde donde ese futuro pueda imaginarse.

Si esto es así, el mejor homenaje a quienes imaginaron La Plata no consistiría, entonces, en repetir su proyecto, sino en tener la audacia y creatividad necesaria para imaginar el nuestro. Las ciudades terminan sus edificios. Las capitales nunca terminan de construir su futuro.

La Plata nació para imaginar una provincia. Casi 150 años después, la pregunta yo no es como fue fundada. La verdadera pregunta es qué futuro imaginamos.

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