En un domingo que comenzó fresco, ventoso, nublado y lluviozo, casi como un preludio de lo que sería el fin de la tarde para la Selección Argentina, los ciudadanos de La Plata comenzaron a moverse desde las primeras horas para tener todo listo para las 16:00 hs, horario del puntapié inicial entre Argentina y España.
Las panaderías, almacenes y supermercados lucieron abarrotados de gente, que buscaba armar todo para encarar la final ante España con una merienda con alimentos dulces o bien, con gaseosas y picada. Aprovechando el último día del fin de semana, mayoritariamente, incluso algunos eligieron desde la hora del almuerzo vivirlo en familia, con una comida de por medio, para luego dar paso a la cuestión que los reunía, una nueva final disputada por el seleccionado conducido por Lionel Scaloni. Pese a la jornada lluviosa, el asado se hizo presente en varios hogares, en lo que es un verdadero clásico argentino.
Aquellos que eligieron seguir las alternativas del encuentro fuera de sus hogares, se dirigieron a aquellos bares y restaurantes que permanecieron abiertos e invitaron a los platenses a vivir el trascendental duelo de una manera distinta.
Eso si, una hora antes del partido, La Plata entró en un letargo que duró los 120’ del enfrentamiento y un poco más, luego de decretada la derrota albiceleste. Desde las 15:00 hs comenzaron a verse las primeras cortinas bajas en los locales, calles sin personas caminando y comenzó a bajar considerablemente el movimiento vehicular, que ya de por si era bajo por un día que no invitaba a salir demasiado.
Algunos, igualmente, aprovecharon esos últimos minutos previos a la final para encontrar los locales de venta de alimentos y bebidas totalmente a su merced, para hacerse con las últimas cosas necesarias para encarar el choque ante La Roja.
Muchos, también, eligieron sostener las costumbres y pese a la jornada lluviosa, se movilizaron a los sitios donde habían vivido hasta este momento los restantes partidos de la Selección Argentina. Tanto el camino Centenario como el Belgrano, lucieron abarrotados de autos que se dirigian en ambas direcciones, tanto con destino al centro platense, como para la zona de Gonnet, City Bell y Villa Elisa.
Si bien el día no invitaba a salir de casa, el respeto por las “cábalas”, hizo que muchos se movieran y enfrentaran el frio y la lluvia, dejando la comodidad del hogar.
Lo positivo, en este caso, fue que al ser fin de semana logicamente no hubo colegios y fue un tema menos a atender para aquellas familias que cuentan con niños en edad escolar. Eso, también liberó un tanto las calles de la ciudad, pero no impidió las corridas de último momento para aquellos que se encontraban demorados minutos antes del comienzo de la final mundialista.
Otros, apostaron a seguirlo con familia o amigos tomando un trago, una cerveza y una gaseosa. Los locales gastronómicos desde temprano abrieron sus puertas y sus cocinas, para recibir a grandes grupos de familias y amigos, que cerca de las 12:00 ya se disponían a almorzar y, charla mediante, luego disfrutar de un postre o un café en la previa. También, aquellos lugares de venta de comida, como panaderías o rotiserias, lucieron largas filas pese a la lluvia, para buscar conseguir la comida deseada. Muchos, incluso, comenzaron su jornada más temprano para intentar satisfacer la alta demanda que hubo durante todo el día por parte de los platenses.
Eso si, el denominador común más allá del lugar elegido, fue la presencia del celeste y blanco como desde el arranque del Mundial, en aquel lejano encuentro ante Argelia. Camisetas puestas, bufandas para afrontar el frio, gorros de lana, banderas en los hombros o en las ventanillas de los autos. Hasta incluso las mascotas fueron lookeadas por sus dueños para que no queden afuera de la fiebre albiceleste.
Una vez que el árbitro decretó el final del encuentro, pese a la derrota muchos platenses se dirigieron al centro para agradecer y valorar una nueva final disputada por los conducidos por Lionel Scaloni. Así lo hicieron sentir con bocinazos y distintos instrumentos ruidosos. Allí también los comerciantes que aún contaban con mercaderia mundialista aprovecharon para realizar sus últimas ventas antes del paso de la Copa del Mundo.
De a poco, horas más tarde, allí si La Plata volvió a revivir para comenzar a preparar el arranque de la semana.
Como en cada Copa del Mundo, la ciudad volvió a moverse en cada encuentro al ritmo de la Selección Argentina. No faltaron emociones, hubo enojos, nervios, llantos de tristeza, de emoción, abrazos, festejos y reuniones familiares y entre amigos. A su vez, 7 y 50 volvió a ser el epicentro de los festejos y a dejar postales de festejos con la ciudad unida por Argentina.
Así, poco a poco los platenses irán dejando detrás la fiebre mundialista, para darle paso a lo que es el fútbol en el ámbito local. Igualemente, algo es seguro, en 2030 La Plata volverá a vibrar de cerca con una Selección Argentina que los ha vuelto a ilusionar y que de cara al próximo Mundial irá en busca de revancha.
La ciudad se paralizó por la final mundialista y festejó en 7 y 50 a pesar de la derrota
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