Tras perderse su tercer mundial consecutivo, la Azzurra, que supo ser campeona del mundo en cuatro oportunidades y es una de las tres selecciones más ganadoras de la historia en Mundiales, sigue sumida en una crisis institucional y deportiva difícil superar y que, por el momento, parece no tener fondo.
Con la renuncia de Gennaro Gattuso después de quedar afuera del Mundial 2026, la Federación Italiana de Fútbol puso en marcha la idea de un proyecto que duró lo que dura el agua en el desierto. Dicho plan tenía como cabeza a un emblema del fútbol italiano como Paolo Maldini como director deportivo y que llegó hace menos de un mes junto a su asesor Leonardo, para hacerse cargo de las decisiones en torno a la Selección de Italia. Ante la negativa de Pep Guardiola, el elegido fue otro icono azzurro como Andrea Pirlo, todo hacía parecer que finalmente el ex mediocampista de Inter, Milan y Juventus sería el elegido, pero a último momento el presidente de la federación desestimó su contratación debido a la ligazón de Pirlo con una casa de apuestas de capitales rusos.
La negativa a la contratación de Pirlo desencadenó la salida por decisión propia tanto de Paolo Maldini como de Leonardo, disgustados con Giovanni Malagò, máxima autoridad del fútbol italiano.
Ahora, sin DT ni director deportivo, desde la Nazionale apuntarían por Mancini o Conte.
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