Casi un año y medio después de que el presidente, Javier Milei, promocionara $Libra en su cuenta de la red social X y la criptomoneda se derrumbara en cuestión de minutos, la Justicia dio ahora con su pista más concreta: al descubrir que una parte del dinero que se llevaron los creadores del activo digital empezó a moverse otra vez, y lograr seguirle los pasos hasta las plataformas donde se compra y vende la moneda. Esa trazabilidad es clave para ponerle nombre y apellido a los responsables.
Con ese objetivo, el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi ordenó congelar 25 billeteras de criptoactivos y les exigió a seis plataformas internacionales que entreguen la identidad de sus titulares y el historial completo de movimientos. La orden, pedida por el fiscal Eduardo Taiano, se basa en un informe del Departamento Técnico del Cibercrimen de la Policía Federal Argentina (PFA) que reconstruyó, casi transacción por transacción, cómo se fue diluyendo el dinero de los inversores.
La investigación se remonta al 14 de febrero de 2025, cuando Milei promocionó la criptomoneda $Libra y su precio saltó de centavos a casi cinco dólares en pocas horas, antes de desplomarse. En el interín, más de 40.000 personas habrían sufrido cuantiosas pérdidas de dinero, mientras unos 100 millones de dólares eran retirados hacia un puñado de billeteras controladas por el “equipo Libra”. Según admitió el propio Hayden Davis, uno de los creadores del token, solo a él le quedaron cerca de 110 millones de dólares producto de la maniobra.
Durante meses, buena parte de esa plata pareció congelada. Pero en mayo de este año algo se activó: los investigadores detectaron que cuatro de las ocho billeteras vinculadas a $Libra empezaron a enviar fondos a otra cuenta identificada como “61yk”, la misma que había estado bloqueada durante casi seis meses por pedido de la Justicia de Nueva York, en el marco de la causa que allí enfrenta Davis.
“PITUFEO DIGITAL”
El 10 de mayo, esa billetera protagonizó un movimiento que llamó la atención de la Justicia, al transferir el equivalente a 498.539 dólares desde la plataforma Solana hacia Tron en apenas 16 segundos, sin pasar por ninguna casa de cambio de criptomonedas tradicional.
Una vez en Tron, la plata entró en lo que los investigadores llaman una cuenta de concentración y allí se ejecutó un fraccionamiento diario del dinero en montos más chicos, repartidos entre distintas billeteras para que resultara casi imposible seguirle el rastro y, de paso, facilitar su conversión a pesos o dólares físicos. Una técnica que en la jerga policial se conoce como “pitufeo digital”.
Según especialistas, el truco del pitufeo funciona bien contra el rastreo automatizado, pero tiene un punto débil: muchas de esas transacciones terminaron pasando por Binance, una de las plataformas más grandes del mundo para comprar y vender criptomonedas, y otras por Bybit, OKX, CoinEx, FixedFloat y Bitfinex. A diferencia de una billetera anónima, estos sitios les piden a sus usuarios documentación oficial para abrir una cuenta, transformando el rastro digital en una identidad real.
Por eso el juez no solo ordenó congelar las 25 billeteras: también les pidió a las seis plataformas los legajos completos de esos clientes, con direcciones IP, cuentas bancarias vinculadas y el historial íntegro de operaciones.
En la causa siguen imputados el lobista Mauricio Novelli, su socio Manuel Terrones Godoy y el propio Davis, mientras que dos empresas —Kip Network, representada por Julian Peh, y Kelsier Ventures, del mismo Davis— aparecen señaladas como partícipes de la creación y el lanzamiento de $Libra.
La medida sobre las billeteras se conoció pocos días después de una decisión polémica del juez: al apartar de la causa a los inversores que se habían presentado como querellantes, un fallo que sus abogados ya apelaron y que ahora deberá resolver la Cámara Federal.
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