La fisonomía de las calles platenses está sufriendo una mutación silenciosa pero sumamente molesta para quienes deben transitarlas a pie. Lo que antes era una excepción o una maniobra momentánea para lavar el coche o descargar mercadería, se transformó en un hábito consolidado: el uso de la vereda como estacionamiento permanente. Esta situación, que genera malestar y dificultades de movilidad, comenzó a acentuarse de manera alarmante dentro del casco urbano de La Plata, según reportan los propios vecinos.
El reclamo de los vecinos pone el foco en una modalidad que parece no tener límites. Ya no se trata únicamente de invadir la “subida” o rampa de acceso a los garajes -una práctica de por sí prohibida por las normas municipales- sino de ocupar el espacio destinado exclusivamente al peatón de forma total. Los testimonios indican que los propietarios “ponen a dormir el auto arriba de la vereda”, dejándolos allí no solo durante la noche, sino a lo largo de toda la jornada laboral y los fines de semana.
La gravedad del asunto radica en la disposición de los vehículos. Según se puede ver en distintas recorridas, los autos son estacionados de forma paralela a la línea municipal, pegados a las ventanas. Esta disposición anula por completo el espacio de circulación, obligando a madres con cochecitos, personas con movilidad reducida o simples transeúntes a bajar a la calle, con el riesgo que eso implica en calles de alto tránsito.
Si bien el fenómeno se extiende por diversos barrios, hay zonas donde la situación ha pasado de ser un problema ocasional a una regla no escrita. Uno de los puntos señalados se encuentra en el eje de la calle 9, específicamente en la zona de 37 a 41. Allí, los vecinos han captado imágenes que documentan la ocupación sistemática de las veredas, desdibujando la frontera entre lo público y lo privado.
Otro sector que genera especial preocupación es la calle 68, en el tramo que va desde la calle 14 hasta la 25. En este trayecto, la infracción se observa “de los dos lados” de la calle, con autos subidos a la vereda de manera constante.
Lo que más llama la atención de los denunciantes es la falta de controles que permitan desalentar esta conducta que, lejos de amainar, se ve “cada vez más acentuada” con el paso del tiempo.
El uso de la vereda como cochera privada no solo afecta la estética de la ciudad, sino que degrada la infraestructura urbana. Las baldosas, muchas no preparadas para soportar el peso de un vehículo de forma sostenida, terminan rompiéndose, generando desniveles que luego nadie repara.
Los vecinos exigen que la Municipalidad realice operativos de control urbano y multas que hagan recordar a los dueños de los vehículos el respeto por el espacio común.
La costumbre del “estaciono donde quiero” está ganando terreno frente a la falta de espacio y el crecimiento del parque automotor.
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