Dirigentes de clubes de barrio protestaron ante las autoridades policiales por la intensidad de una ola delictiva que se ha ensañado contra estas instituciones de bien público a la vez que reclaman la urgente puesta en marcha de acciones que se traduzcan en mayores medidas de seguridad.
En esta oportunidad fue portavoz del pedido –y a la vez víctima de un nuevo robo- el Club Dardo Rocha, ubicado en 5 entre 519 y 520, que volvió a sufrir la entrada de delincuentes a sus instalaciones.
Ya como un caso digno de figurar a la famosa guía internacional de récords, el Club sufrió durante el año pasado una docena de robos y en lo que va de 2026 fue blanco de la delincuencia en cinco oportunidades.
“Pusimos rejas después del último robo importante, pero ahora vinieron con herramientas y cortaron las soldaduras”, contó el presidente del club.
Del club, precisó, los desconocidos sustrajeron “un equipo de música, un ecualizador musical, parlantes antiguos, un ventilador de pie industrial, una bolsa donde se guardaban pelotas de fútbol y elementos para hacer ejercicios”.
Según explicó, los robos ocurren siempre de noche, cuando no hay actividades. “Saltan los paredones porque saben que no hay nadie. No hay plata, ni oro; se llevan lamparitas, picaportes, ventiladores. Son chucherías, pero para nosotros representan muchísimo esfuerzo”, lamentó.
“Ya nos conocen en la comisaría. Nos dicen: ‘¿Otra vez les robaron?. Nunca recuperamos nada y tampoco informan cómo siguen las investigaciones”, afirmó.
“No podemos pagar seguridad privada. Solo pedimos que protejan a los clubes de barrio, porque cual cumplen un rol social enorme”, concluyó el dirigente.
Lo que ocurre con el club de Ringuelet es lo mismo que le pasa a muchos otras entidades vecinales y también a numerosas escuelas y a otras instituciones de bien público, sostenidas algunas por el magro ingreso de cuotas sociales y otras por el esfuerzo de cooperadoras.
Pero también en los numerosos encuentros sostenidos por vecinos con autoridades de seguridad, no hubo uno en el que el reclamo principal no hubiera sido el de acentuar la presencia policial en las calles. Se ha dicho, y se reitera, que la fuerza policial debiera desentenderse de muchas actividades administrativas, para volcar toda su presencia en la vía pública.
Se habla no sólo de una presencia preventiva, sino de una mayor inserción de los efectivos con el día a día de cada barrio, recuperándose así una relación que debe restablecerse y que, en la vida práctica, también se traducirá en un crecimiento de los hoy muy bajos niveles de seguridad existentes.
Las voces vecinales, alzadas por quienes conocen perfectamente a sus barrios, están marcando desde hace tiempo los déficits existentes en materia de seguridad.
No se pone en duda que las fuerzas policiales tienen la función de garantizar la seguridad a toda la sociedad, sin exclusiones ni preferencias hacia ningún sector.
Las máximas autoridades de Seguridad debieran atender este unánime reclamo de la población.
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