EE UU, enviado especial
@firmamendinueta
Antes de posar para la foto subió apurado a la habitación y regresó con la camiseta de la Selección Argentina que le obsequió, autografiada, el hombre con el que comparte su foto de whatsapp. Alejandro Ferrer vino solo a seguir a la Scaloneta en la Copa del Mundo y confía en que tendrá que viajar a New Jersey para alentar en la gran final. Desde el fallecimiento de Diego Armando Maradona no quiso hacer declaraciones públicas, pero la atmósfera mundialista lo empuja a soltar algunos recuerdos con el “Diez” que guardará en el corazón eternamente.
“Estuve en esta ciudad en 1994, cuando se conoció la dura sanción que le impuso la FIFA y se rompió la ilusión de ganar la Copa. Aquella vez estaba con mi hermano y recuerdo que teníamos un equipazo. Lo viví con enorme tristeza. Cuando Diego dijo en la tele que le habían cortado las piernas, yo sentí algo parecido. Acá perdimos con Bulgaria y todo se desbarrancó. fuimos a Pasadena y quedamos eliminados con Rumania. Aquel plantel de Basile tenía poder individual y funcionamiento, pero nos fuimos a casa vacíos”. Ferrer tiene la memoria intacta sobre aquel episodio que marcó un corte abrupto para cualquier ilusión del pueblo argentino.
“Hoy estamos metidos en otra película, después de lo vivido en Qatar estoy disfrutando cada partido. Estamos bien, pero es cierto que todavía no nos incomodaron demasiado. Messi resolvió los dos partidos y por eso la gente en las tribunas delira. La mayoría no imaginaba verlo en un nivel tan bueno”.
“Lo de Diego en nuestro club me marcó para toda la vida”
Cuando se le pregunta por la etapa en que Maradona fue director técnico de Gimnasia, Ferrer cuenta que “cuando se confirmó la noticia sentí la obligación de hacer todo lo que estuviera a mi alcance para que estuviera cómodo, siempre a gusto y feliz. Esa necesidad de estar pendiente de sus necesidades me llevó a compartir momentos simples que fueron espectaculares. Yo no entraba al vestuario por respeto a él y a los jugadores, pero cuando terminaba de entrenar nos encontrábamos para tomar un té con galletitas de agua. Así, tal cual, no más que eso. Fueron charlas cálidas, donde me permitió decirle que estaba muy feliz de que fuera nuestro entrenador y él percibía todo. Tenía una sensibilidad enorme. Recordaba nombres, apodos y así saludaba a los empleados de Estancia Chica, que lo adoraban”.
Sobre el episodio fatal Ferrer recuerda que “la noticia me rompió por dentro. No lo podía creer. No lo quería aceptar. Me daba cuenta de que su estado de salud no era el mejor y por eso estuve muy pendiente. No soporto volver a ver la imagen televisiva de aquella caminata a su lado en nuestra cancha, cuando lo vinieron a saludar Chiqui Tapia y Marcelo Tineli. Ese día no tendría que haber ido al estadio, no podía caminar bien: por eso se fue mucho antes. No lo quería ver así y no era bueno que la gente lo viera tan frágil”.
Empieza a hablar y no se detiene. Hace una breve pausa, toma aire y agrega que “Lo que sentí al lado de Maradona en nuestro club me marcó para toda la vida. Soy hincha fanático de Gimnasia y tenerlo allí de manera cotidiana en Abasto fue lo máximo. Se van a cumplir seis años de aquel día de noviembre tan cruel, en cada conversación de fútbol aparece algún recuerdo que estoy seguro que él disfrutó. En su ámbito privado jamás me metí. Yo lo disfruté en cada entrenamiento más que en los partidos. De entrecasa era más cálido. Una tarde me mandó a llamar por teléfono porque iba a merendar y yo no estaba. Había viajado a Buenos Aires y le dije que no iba a llegar para compartir el té. Entonces se paró y se fue a su habitación malhumorado”.
Alejandro Ferrer no suelta por nada la camiseta que le regaló Maradona. Lo acompaña en cada partido que juega la Selección y él confía en que también la llevará al estadio el próximo 19 de Julio cuando esté alentando a Messi y el resto de los muchachos en la gran final.
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