ATLANTA, Georgia (Env. esp.)
Su peregrinaje por la Copa del Mundo más grande de la historia de FIFA amerita una buena inversión de los magnates que apuestan a la industria cinematográfica de Hollywood. El film podrá tener altos y bajos, aunque jamás resultará aburrido.
Esta Selección Argentina sí que sabe moverse en situaciones límites. Cuando la coyuntura aprieta fuerte, el reloj no escucha plegarias y la respiración amenaza con interrumpirse para siempre, es allí el instante bisagra donde brota su mejor versión. Se explica con palabras sencillas, pero el mecanismo que dispara una veta de carácter arrasador no la genera cualquiera. Representa una virtud extraordinaria que pocos tienen. No es común que suceda. Y “La Scaloneta” volvió a hacerlo provocando el delirio de un pueblo que gritó fuerte en el hemisferio sur y tuvo un eco maravilloso en cada rincón del Mercedes Benz Stadium.
Ayer gestó otra epopeya futbolera dejando a un lado el cansancio y apelando a la valentía que está en su ADN. Inglaterra no supo darle el golpe definitivo y ese fue su peor error. Lo dominó, llegó al gol (notable jugada colectiva) y creyó que metiéndose atrás le iba a alcanzar para sacar el pasaje a New Jersey. En esa lectura fue donde empezó a dejar ir lo que tanto quería y tan cerca tuvo. El hecho de comunicarle de un modo nítido al campeón reinante que debía hacerse cargo de la responsabilidad de torcer el rumbo de la historia, fue como cavar su tumba resultadista.
PRIMER TIEMPO TENSO Y VACÍO DE ATRACTIVOS
La cautela compartida por ambos contendientes hizo de la etapa inicial un lapso aburrido. No hubo ni una pizca de relación entre lo generado en la previa y lo que empezaron mostrando. Antes la gente estaba dispuesta a pagar 3.500 dólares buscando entradas que no consiguió. Los cánticos, el colorido y una rivalidad que felizmente no precisó de la intervención policial, chocó de frente con la falta de audacia y de precisión que unió a los rivales en el cero a cero.
Estaba todo reservado para el complemento y nadie lo sabía. La apertura del marcador fue una perfecta combinación ofensiva de los europeos que entregó sólo una certeza; Nada sería igual. El trámite iba a cambiar dependiendo mucho de la postura de cada uno.
El coraje que les faltó a los ingleses ganando uno a cero, les sobró a los argentinos en desventaja. Uno apostó por aguantar tratando de defenderse. Y le fue muy mal. Quedó sin nada. El otro, fue para adelante como siempre, con agallas y una convicción que, más allá del resultado, lo pone a salvo de cualquier reproche severo.
En lo estrictamente futbolístico quedará marcado como el partido donde Scaloni tomó la correcta decisión de sacar de la formación titular a Rodrigo De Paul, que venía siendo el jugador de más flojo rendimiento. Apostó por Giuliano Simeone y después sorprendió todavía más sacando a Leandro Paredes, que no estaba jugando mal. La inclusión de Nicolás González y la orden de reorganizar el mediocampo con Enzo Fernández por el eje central le salió perfecto. Enzo clavó desde afuera del área el tiro certero que abrió la puerta para que se gestara la hazaña.
Argentina enfrentó la adversidad hasta transformarla en la gesta con márgenes de emoción
El uno a uno desparramó sensaciones de puro optimismo para el universo celeste y blanco. En cambio, los leones de rojo empezaron a ver que su castillo se venía abajo. Por eso, el cabezazo que escrituró la más linda locura popular no generó tanto sorpresa. La pulseada ya estaba orientada hacia el brutal desahogo emocional de una hinchada que en todo momento alentó a sus jugadores. El fútbol se explica desde las decisiones tácticas, los planes estratégicos, las actuaciones individuales y, también, por el carácter de los protagonistas. El miedo a perder existe. Está en cada uno procesarlo de la mejor manera.
Argentina se va al escenario de la gran final. Lo merece. Enfrentó la adversidad hasta transformarla en la gesta que corrió los márgenes de la emoción profunda. A los ingleses, en cambio, los esperan en Miami para jugar por el tercer puesto. Lo tienen merecido. Si querían la gloria debieron ir a buscarla con hambre. El campeón del mundo reinante les enseñó cómo se hace.
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