La Casa Blanca hizo la cena de Estado ofrecida por Donald Trump a Xi Jinping en una combinación de diplomacia y gastronomía. El menú, servido en el Salón Este, buscó unir productos estadounidenses con una leve influencia china, en un encuentro marcado por gestos hacia la relación entre las dos potencias.
La primera dama, Melania Trump, dirigió los preparativos del menú, al que también asistieron las delegaciones oficiales, empresarios y funcionarios. La propuesta comenzó con un brindis de Schramsberg “Blanc De Noir”, el espumoso californiano vinculado al histórico “brindis por la paz” que Richard Nixon y el premier chino Zhou Enlai compartieron en Beijing en 1972.
El primer plato fue una velouté (salsa) de calabaza amarilla, acompañada por un fricassé de setas silvestres, panceta crujiente y aceite de cebolleta. Este último ingrediente, habitual en distintas cocinas de China, aportó el guiño asiático a una preparación de raíz estadounidense.
LUBINA Y COSTRA DE SÉSAMO
El plato principal llevó lubina, un pescado blanco de mar, de carne suave y sabor delicado, presentado con una costra de sésamo. Para acompañarlo se sirvieron bok choy, una variedad de col utilizada en la gastronomía china, estofado; berenjena asada y una salsa verde de hierbas. La combinación buscó mantener el producto estadounidense como eje, pero incorporar sabores asociados a la cocina del gigante asiático.
El postre siguió la misma lógica de fusión. Incluyó un cremoso de vainilla, frangipane de nuez y cerezas confitadas, junto con un helado elaborado con miel producida en las propias colmenas de la Casa Blanca. El detalle convirtió a un ingrediente de la residencia presidencial en parte de un menú pensado para la ocasión.
La puesta en escena también tuvo un fuerte contenido simbólico. El rojo dominó la decoración, por su importancia cultural en China, con flores del mismo tono, manteles rojos y piezas de vermeil de la colección de la Casa Blanca. Las mesas fueron dispuestas con el Servicio de Estado Reagan, una vajilla de porcelana encargada durante la presidencia de Ronald Reagan.
Así, entre lubina con sésamo, helado de miel y referencias al histórico acercamiento de 1972, la Casa Blanca convirtió la cena en postal de la relación entre Washington y Beijing: una mezcla de tradición, protocolo y señales de entendimiento.
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