El dato más importante para los vecinos no será solamente la intensidad del fenómeno El Niño. Habrá que observar cómo evoluciona la lluvia acumulada y si el territorio consigue recuperar su capacidad de absorción entre un episodio y el siguiente.
Una anomalía mensual de 40 ó 50 milímetros no determina por sí sola una inundación. Una tormenta que concentre una cantidad extraordinaria de agua en pocas horas puede representar un riesgo mucho mayor.
En La Plata, el comportamiento de las cuencas será central. En Berisso y Ensenada, además, habrá que incorporar permanentemente el nivel del Río de la Plata y la posibilidad de sudestadas.
El pronóstico climático anticipa un escenario de mayor riesgo potencial, pero serán los pronósticos meteorológicos de corto plazo los que determinen las decisiones concretas.
El desafío será que esa información llegue a las autoridades y a los vecinos con suficiente anticipación para actuar antes de que el agua alcance las calles.
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