Mantener horarios de sueño lo más regulares posible.
Buscar exposición a la luz natural durante la mañana.
Evitar la actividad física intensa cerca de la hora de dormir.
Incorporar técnicas de relajación, respiración o meditación.
Revisar el uso de pantallas durante la noche.
No convertir los suplementos o medicamentos de venta libre en una solución automática.
Consultar con un especialista si las dificultades para dormir se vuelven persistentes.
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