La guerra entre Rusia y Ucrania volvió a recrudecerse con una nueva jornada de intensos bombardeos que dejó más de una decena de muertos en ambos países y evidenció, una vez más, que el conflicto está lejos de encontrar una salida diplomática. Mientras las negociaciones impulsadas por Estados Unidos permanecen completamente estancadas, Moscú y Kiev intensifican los ataques con drones y misiles, incluso contra zonas situadas a cientos de kilómetros de la línea del frente.
Las autoridades rusas informaron que al menos nueve personas murieron como consecuencia de ataques ucranianos registrados ayer. El episodio más grave ocurrió en la región fronteriza de Bélgorod, donde un bombardeo dejó cuatro víctimas fatales, entre ellas una niña de 13 años que fue alcanzada cerca de un parque infantil. El gobernador interino de la región, Alexander Shuvaev, señaló que los médicos intentaron salvarle la vida, pero las heridas resultaron irreversibles.
A su vez, un ataque con drones en la región de Sarátov, ubicada a unos 750 kilómetros de la frontera con Ucrania, provocó la muerte de dos personas. Otras tres fallecieron cuando un vehículo fue alcanzado por drones en la región de Udmurtia, situada a más de 1.000 kilómetros de la línea de combate. La gobernadora interina, Olga Abramova, calificó el hecho como “un acto monstruoso” al asegurar que las víctimas no tenían ninguna relación con objetivos militares.
En territorio ucraniano, la ofensiva rusa también dejó un saldo trágico. Al menos cinco personas murieron en distintos ataques registrados durante la jornada. Dos fallecieron en la región oriental de Dnipró, mientras que otras dos perdieron la vida en Zaporiyia y Jersón. Además, un misil destruyó una terminal del servicio postal Nova Poshta en la región de Járkov, donde murió uno de sus empleados.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber interceptado durante la noche 635 drones ucranianos dirigidos contra más de una decena de regiones del país, una cifra que refleja la magnitud de la ofensiva. Kiev, por su parte, no comentó oficialmente esa información, aunque en los últimos meses ha incrementado sus ataques de largo alcance contra infraestructura militar, depósitos de combustible y centros logísticos rusos, con el objetivo de debilitar la capacidad de Moscú para sostener la guerra y aumentar la presión sobre el Kremlin.
Rusia también ha intensificado sus bombardeos utilizando misiles balísticos, de crucero y drones de ataque. Según datos de Naciones Unidas, el número de víctimas civiles en Ucrania aumentó significativamente este año debido al mayor empleo de armamento de largo alcance, mucho más difícil de interceptar por los sistemas de defensa antiaérea.
La escalada coincide con el estancamiento de los intentos de mediación internacional para alcanzar un alto el fuego. Pese a los contactos promovidos por Washington y otros actores, no se registran avances concretos.
Ambas partes mantienen posiciones irreconciliables sobre el futuro de los territorios ocupados y las condiciones para una eventual paz.
Mientras tanto, la guerra, iniciada con la invasión rusa de febrero de 2022, continúa extendiendo su impacto mucho más allá del frente de batalla. Los ataques cada vez alcanzan regiones más alejadas de los combates, alimentando la incertidumbre y el temor de la población civil, que sigue pagando el costo más alto de un conflicto sin una resolución a la vista.
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