Con pocos días de diferencia y por cuerda separada dos colegios profesionales de la Provincia –el de Odontólogos y el de Psicólogos bonaerenses- alertaron sobre tratamientos realizados por personas sin título ni matrícula, en situaciones que pueden provocar serios daños físicos y mentales, además de favorecer el desarrollo de patologías de extrema gravedad.
El tema no es nuevo ni se circunscribe a estas profesiones. Hace dos años el Colegio de Kinesiólogos bonaerense denunció que “profesionales truchos” prestaban servicios kinesiológicos para empresas de internación domiciliaria, tal como oportunamente se reflejó en este diario. Y que las redes sociales favorecían este fenómeno.
Ahora el Colegio de Odontólogos provincial manifestó su profunda preocupación por la persistencia de casos de falsos profesionales de la odontología en distintos puntos del territorio bonaerense y advirtió que esta práctica, además de constituir un delito, representa una seria amenaza para la salud pública.
Según señalaron desde la institución, de manera recurrente se detectan personas sin título habilitante ni matrícula profesional que ofrecen tratamientos odontológicos a través de redes sociales, publicidad informal o recomendaciones personales, presentándose falsamente como especialistas y prometiendo soluciones rápidas y económicas. Sin embargo, detrás de estas prácticas existen riesgos sanitarios de enorme magnitud.
Y tal como también se reflejó en este diario, el Colegio de Psicólogos reclamó por la proliferación de personas que, sin contar con formación ni habilitación para ejercer, ofrecen acompañamiento y orientación para abordar problemas psicológicos bajo figuras como “facilitadores”, “consejeros” o “guías”.
Cabe señalar que el ejercicio ilegal de toda profesión está tipificado como delito por el Código Penal en dos artículos. El 247 dice que “será reprimido con prisión de tres (3) a cinco (5) años el que ejerciere actos propios de una profesión para la que se requiere una habilitación especial, sin poseer el título o la autorización correspondiente”.
Por lo visto no se habla de casos aislados, sino de una tendencia que se consolida en las redes. Está claro que –para evitar que se convierta en “moda” este delito- descansa en las autoridades de las distintas jurisdicciones gubernamentales la responsabilidad de prevenir la acción de falsos profesionales en cualquier profesión. Lo que debe hacerse es sancionar con la severidad y los agravantes penales del caso a quienes infringen leyes y normas que fueron sancionadas justamente para evitar accidentes o malas prácticas por parte de quienes carezcan de títulos legítimos para actuar.
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