Hace décadas que en la Argentina circula con éxito la frase “si no se sufre, no vale” Es un aforismo que los inmigrantes españoles e italianos trajeron desde Europa a fines del siglo XIX, Y los que vinieron no eran empresarios o inversores. Los que llegaron venían con las manos callosas de tanto hundir palas y picos en pedregales, para cultivar alimentos. Ellos dejaron esa impronta, al igual que los llegados de otras tierras empobrecidas que vinieron para poder comer y luego progresar.
Así que la frase “si no se sufre, no vale” fue como una vacuna constitutiva para el ser argentino, No se trató de una metáfora soñadora, sino de un consigna de hierro que los inmigrantes grabaron en sus hijos y estos en los suyos. Sin esfuerzo, no se consigue nada.
Allá por la década del 40 uno de los grandes letristas del tango, el poeta Francisco Garcia Jiménez, autor de señalados éxitos, escribió el entonces clásico “Suerte loca”, que en dos de sus versos más logrados definen sobre esta misma cuestión: “En el naipe del vivir/ para ganar, primero perdí”.
Esto es el sufrimiento, el esfuerzo y hasta la derrota inicial, para poder aspirar y llegar a la victoria. Es una épica dominante, incorporada al complejo ser argentino. En el ámbito futbolístico es lo que vino pasando con esta selección nacional tan sufrida, tan esforzada.
Primero un tiempo de oscuridad, acaso de un gol adversario; primero perder para después ganar con inteligencia y coraje. No ganar de cualquier manera: ganar serenos, repechando la adversidad. Y no por arrogancia, sino por certeza de que si se hace lo que corresponde, aunque sea en los últimos instantes de un segundo tiempo, vendrá el éxito.
Pero además de ese legado ancestral, de ese “elan vital” que es la fuerza interior, en el caso del fútbol argentino debe también computarse la presencia, el intenso trabajo y la seriedad de una generación de jugadores –impulsada por un equipo técnico de excepción y por ese líder fuera de la común que es Messi- que ha logrado darle una identidad admirable a nuestro país.
Ver los festejos y los elogios después de ganar la semifinal, registrados en países cercanos, lejanos o exóticos tiene que llenar de justificado orgullo a los argentinos. Porque esos jugadores, perdían y sufrían aunque al final ganaron. Con total justicia.
Sufrir significa padecer, sentir dolor, experimentar un daño, un riesgo, una enfermedad. Pero también quiere decir “sostener”. “resistir”, “tolerar o llevar con paciencia”, según define el diccionario de la Real Academia Española.
La palabra “sufrir” viene del latín “sufferre”, algo así como soportar por debajo. La selección argentina superó el peso de esa carga y después disfrutó. Supo primero tolerar la adversidad y después ganar. Ganar con alegría y templanza. Y a millones de argentinos les vino pasando exactamente lo mismo en estos inolvidables días.
SUSCRIBITE a esta promo especial